sábado, 21 de enero de 2012

El Cardenal, Ignorante y Soberbio

 

interview-juan-sandoval-14[1] En su pasada columna editorial que escribe en el Semanario, el cardenal (sí, con minúscula) Juan Sandoval Íñiguez ahora arremetió contra los ateos, o lo que él cree que son.  Consistente con su estilo, el cardenal evidenció una mente cerrada y vacua al tratar el tema.  Si bien no pude resistir dejar un comentario en el artículo (igual que otra docena de ateos y uno que otro creyente que pasaban por la página también), me moderé mucho en mi discurso por la brevedad del espacio.  Entonces, aquí aprovecharé para entrar en un poco más de detalle.

    Para empezar, nos ofrece su artículo a propósito del tema de “explicar el ateísmo y la no creencia en Dios”.  Con esto, desde el primer párrafo, deja en evidencia que no sabe o no entiende que el ateísmo es la no creencia en Dios (ni más, ni menos).  A continuación, entra en una breve pero no por eso poco desastrosa disertación de lo que para él fue la Ilustración en el siglo XVIII, calificándola de “soberbia intelectual”.  Por si no quedó claro lo último que acabo de escribir, lo repito: el cardenal considera a la Ilustración (Voltaire, Rousseau, Locke, Descartes, Spinoza, el origen de los derechos humanos, el contrato social, la separación de iglesia y estado y otros detalles) como soberbia intelectual. 

    A continuación se lamenta de que, gracias a este terrible movimiento en que la gente se atrevió a pensar, “han florecido ateísmos de toda suerte”.  Ateísmo, para los lectores más frecuentes y los más ilustrados, ya habrá quedado claramente comprendido como la “no-creencia en dios”.  Hablar de “ateísmos” es un sinsentido; o se cree, o no.  Hablar de “ateísmos” es como hablar de muchas maneras de no coleccionar estampas, para usar un ejemplo frecuente entre ateos.

    Después de recordarnos a algunos supuestos “pensadores” de su miope filosofía, llega a lo siguiente:

“Yo, que soy creyente por un favor de Dios, no puedo imaginarme cómo sería la vida de quienes no creen, en un momento de tranquilidad y serenidad. Aunque, claro, están tan ocupados constantemente en las cosas del mundo, en negocios o diversiones, que no les queda tiempo para reflexionar; pero, si tuviesen algún momento de calma, ¿qué significado podría representarles su existencia tan breve, fugaz, efímera, engañosa y, a la postre, tan desilusionante por la ausencia de Dios, cuando se dieran cuenta de que todo lo que fueron logrando y recogiendo en la vida, al momento de su muerte se perderá y se volverá nada?

   ¿Será ésta una existencia digna del hombre, o hay algo más que dé razón a esos anhelos que tiene el corazón del hombre, como vivir, ser, permanecer para siempre, gracias a Dios?”

    En cuanto a la parte de que no puede imaginar como es la vida de un ateo, eso queda sobreentendido desde el primer párrafo de su texto; lo sorprendente hubiera sido que sí.  Sin embargo, a lo que quería llegar es a la noción común que tienen muchos creyentes acerca del “propósito” de una vida humana sin Dios.  Al parecer, la vida no vale nada para estas personas si no es que lo decreta su dictador omnipotente.  ¿Acaso necesitamos a un tirano imaginario para darnos cuenta de que una vida pasada haciendo el bien es buena?  ¿Qué pasaría el día que cambie su opinión y decrete que no vale nada?  Muchos creyentes suelen dar a entender que lo que importa es la vida que sigue, supuestamente en el cielo.  Pero, como dice Paula Kirby en su elocuente artículo acerca de precisamente este tema, no hay ninguna existencia más inane que la que tendría uno en el cielo.  Se le considera un premio a una eternidad de ser un adulador del Gran Líder, sin nada qué hacer para mejorar su condición, por encontrarse ya en una Corea del Norte Celestial, como diría Christopher Hitchens.

    Lo que nos preguntamos los ateos, es cómo puede ser que tantos creyentes  solamente encuentren sentido en su vida como siervos de un amigo, padre o tirano omnipotente.  Es por esto que dichas muestras de sumisión solemos tratarlas con tanto desprecio, y sobre todo cuando se nos sugieren como una alternativa viable para nosotros.  Las palabras anteriores del cardenal, para un ateo, tienen un sonido más o menos así:

¿Qué, acaso no quieres ser esclavo?  ¡Pero si someter tu mente es lo único que le da sentido a tu vida!  Vamos, tan solo deja de pensar, de dudar, de filosofar, y conviértete en un siervo también.  ¿Pero qué, es que acaso quieres ser libre? ¿Dices que te importa la verdad, aunque no te guste?  ¡Carajo, pero eso puede ser difícil y desagradable!  Mira, acá te tengo un libro que dice que nada de eso es necesario: basta con que dejes de pensar, y el Gran Líder se encargará de todo… Además, tiene un bonito parque de diversiones donde puedes pasar la eternidad lamiéndole el culo.  ¿No es grandioso?

    Si bien como ateo le doy significado y propósito a mi vida—yo mismo—, debo reconocer que aun si mi vida fuera de algún modo desprovista de éstos, todavía sería mejor pasada que la del cardenal.



martes, 10 de enero de 2012

El Cuento del Éxodo

moses01[1]Después de alternar la lectura de  la Biblia con otros textos más interesantes (dudo que alguien aguante leer los 70 libros uno tras otro), ahora pasé a darle una leída detenida al segundo libro, Éxodo.  Yo ya tenía ciertas dudas acerca de la veracidad del relato y la presencia Judía en Egipto en general, sembradas por pensadores como Christopher Hitchens y Sam Harris.  Bien, pues un poco de investigación ligera arrojó los siguientes resultados:
Nunca hubo judíos en Egipto: enlace aquí y aquí.
    Entonces, las pirámides egipcias no fueron construidas por esclavos judíos: acá.
    Bien, pues con el entendimiento de que no considero por ningún momento que el relato sea confiable desde el punto de vista histórico, va un breve recuento de lo que pasaba por mi mente leyendo este tomo de la Biblia.

Parte I: La Represión del Pueblo Judío en Egipto


Génesis nos había dejado con la historia de José, un judío descendiente de Israel que interpretó los sueños del Faraón egipcio en turno, logrando predecir periodos de extrema abundancia y escasez en su reino (nunca se nos dio el nombre del Faraón, lo cuál hubiera sido de suma utilidad para ubicarlo entre los cientos de faraones que los historiadores tienen cuidadosamente catalogados en gran detalle).  Sin embargo, se nos dice que a la muerte de este faraón anónimo el igualmente no identificado sucesor fue cruel con el pueblo israelita, obligándolos a trabajos forzados y exigiéndoles rendimientos altísimos.  En respuesta a esto, Dios castigó al Faraón y su gente mediante diez plagas, una tras otra, hasta que por fin el Faraón dejó ir a los israelitas.
    Pero hay un detalle incómodo: con cada plaga, una y otra vez, Dios mismo “endureció el corazón” del Faraón.  Inclusive hay ocasiones en que Dios habló con Moisés, como en el capítulo 4, para decirle desde antes de la plaga que endurecerá el corazón del monarca para que no los deje ir.  Esto, dice Dios, es para poder tener pretexto para mostrar su ira a través de las múltiples plagas que mandará.
    Esto lleva inevitablemente a preguntarse por qué Dios tiene que endurecer al Faraón.  ¿Pudiera ser que el Faraón era bueno, pero la sed de destrucción de Dios lo hizo endurecerlo?  ¿Qué razones tiene Dios para estar tan ansioso de hacerle mal a los egipcios?  (Los celos de los dioses egipcios pudieran ser una clave).
    Aquí, los apologistas cristianos se sacan de la manga, como en la misma nota al pie de la página de mi edición de la Biblia, que “endureceré el corazón del faraón” es solamente un decir, y que realmente el faraón fue el culpable de todo.  Básicamente, su explicación es que la Biblia no dice lo que dice.
    Alternativamente, los apologistas suelen justificar este comportamiento con la respuesta más irrisoria e inmoral de todas: “Es Dios, puede hacer lo que quiera”.  Como el propósito de Dios era intimidar y doblegar al Faraón y su pueblo desde el principio, por el hecho de ser Dios no hay nada qué cuestionar.  ¿Cómo mejora esto la situación?  ¿Se dan cuenta los creyentes que, al tratar de defender a un tirano omnipotente, solamente se exponen como auténticos cobardes e idiotas morales?  ¿Qué clase de mente podrida justifica esto y actos como la décima plaga, en donde Dios mata a todos los primogénitos de Egipto, incluyendo niños?  Bien, pues dejo un ejemplo aquí.
    Después de la décima plaga (y que Dios dejara de intervenir), el Faraón accedió a dejar a los israelitas salir de Egipto. Excepto que, cuando ya casi salían, de nuevo Dios manipuló al Faraón (capítulo 14) para que los persiguiera hasta el Mar Rojo y entonces Él pudiera destruir al Faraón y su ejército.

Parte II: Los Mandamientos y Otras Curiosidades


Después de merodear por el desierto un tiempo, finalmente los israelitas llegaron al pie del Monte Sinaí.  Una vez ahí, Dios llamó a Moisés para darle instrucciones en lo que los demás esperaban, y es en esta ocasión que le delegó la tarea de comunicarle a sus correligionarios los Diez Mandamientos (capítulo 20), entre otras muchas instrucciones.  Palabras más, palabras menos, dicen algo así:
1.  No tendrás dioses ajenos delante de mí. Qué tiene que ver esto con la ética o la moral, me elude.  Sin embargo, queda claro que Dios está consciente de que hay otros dioses (los de los egipcios, por ejemplo) y, ya sea que dichos dioses sean reales o no, no soporta la idea de que los humanos puedan venerar a ningún otro.  Como Dios mismo dice más delante, es un dios celoso (después de todo, hizo de ello su primer mandamiento).
    Por cierto y a propósito de otros dioses, en el capítulo 7 Moisés intenta impresionar al Faraón mostrándole milagros que Dios le dio el poder de hacer.  Sin embargo, los hechiceros del Faraón logran reproducir los milagros en un breve duelo que tienen con Moisés.  Al parecer, Dios no era el único que podía hacer proezas sobrenaturales en aquel tiempo.
2. No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás ante ninguna imagen, ni las honrarás; porque yo soy Yahveh Dios, fuerte, celoso, que castigo la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. El mandamiento incómodo para el catolicismo.  Curiosamente, se distingue que hay más de una instrucción en este fragmento: primero está la prohibición sobre las imágenes del cielo, subsuelo y mar, y luego está la de los ídolos.  Además se nos recuerda, por si había duda, que Dios es celoso y castiga hasta los tataranietos por las ofensas de uno (¿Cómo es esto justo o virtuoso en alguna manera?  ¿En qué ayuda a la humanidad no hacer estas imágenes?).
3.  No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano; porque no dará por inocente Yahveh al que tomare su nombre en vano. ¿Y qué significa esto?  Cuando alguien dice “sabrá Dios…”, realmente es una manera de decir “nadie sabe”.  ¿Es esto un pecado?  Cuando un terrorista suicida grita “Dios es grande” antes de inmolarse, ¿le está haciendo honor al nombre de Dios, o lo está usando en vano?  Al igual que los dos anteriores, este mandamiento no tiene nada qué ver con ética.
4.  Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Yahveh tu Dios; no hagas en él obra alguna tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Yahveh los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Yahveh bendijo el día de reposo y lo santificó. Nuevamente, no se hace ninguna referencia a cómo esto es bueno o malo, aparte de que Dios dice y ya.  Es sumamente revelador que la gramática del mandamiento indica a quiénes va dirigido: hombres que tienen propiedades.  Junto con el décimo, éste mandamiento es evidencia plena no solo de que es un invento humano, sino de varones. ¿Y por qué no simplemente decretar que un trabajador merece un descanso cada seis días? ¿Acaso solamente es importante el descanso para emular a Dios?
5.  Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Yahveh tu Dios te da. ¿Qué hay de honrarlos porque eso en sí es un buen acto?  Interesante, que se dé una orden y luego un incentivo para cumplirla que no tiene nada que ver.  Si acaso fueran los padres los que dieran la tierra, entonces tendría más sentido.  Por cierto, ¿dónde está el mandamiento de nunca lastimar a los hijos?
6.  No matarás. Poco qué comentar aquí, aparte de que es quizá el mandamiento menos original y más violado de toda la Biblia, usualmente por el mismo Yahvé.  Además, existen versiones de que la versión original dice “No asesinarás”, que no es lo mismo.
7.  No cometerás adulterio. Nuevamente poco novedoso, dado el contexto de la época (va ligado al décimo, como veremos).
8.  No robarás. Mismo comentario que los dos anteriores.  Irónico, dado el tema de prácticamente todo el Viejo Testamento: robar la tierra a quienes tienen la mala fortuna de estar en ella cuando Dios se la prometió a los judíos.
9.  No rendirás falso testimonio contra tu prójimo. Quizá el único mandamiento que vale la pena loar como algo bueno, original y virtuoso.
10.  No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.  Por si no había quedado claro antes, estamos ante una sociedad en la que las mujeres eran consideradas objetos propiedad de los hombres, equivalentes a sus esclavos, su ganado y propiedad material.  Quizá sea el más irónico de los mandamientos (entre varios fuertes contendientes), pues lo único que hacen los israelitas en los primeros libros de la Biblia es, precisamente, codiciar las tierras de los otros pueblos, así como sus ganados y mujeres—eso sí, siempre auspiciados por Dios. 
    Además, en este mandamiento estamos ante una instancia de querer controlar los pensamientos de las personas: ni siquiera hay libertad en la privacidad de la mente.  Por si fuera poco, prohíbe un instinto natural a la humanidad, por lo que es inhumano pedir que se reprima (sobre todo si no llega a ninguna acción que lastime a alguien).  También hay quienes lo relacionan a la supresión del deseo de los pobres a tener las cosas de los ricos.
    Antes de hacer mayor análisis de estas instrucciones, vale la pena recomendar las discusiones que hace Christopher Hitchens sobre este tema: aquí y acá.  Además, también cabe mencionar que dicho decálogo aparece más de una vez, con diferencias a veces sutiles y a veces no tanto, en más de una ocasión en la Biblia.
    Por si fuera poco, los católicos suelen modificar esta lista y derogan y sustituyen el mandamiento de las imágenes, poniendo en su lugar algo así como “No consentirás pensamientos ni deseos impuros” (nuevamente, un intento de castigar los pensamientos de las personas).  Inclusive la nota al pie en la edición que poseo, aprobada por la Iglesia Católica, menciona que este mandamiento era “para los primitivos, no para las generaciones actuales ilustradas”.  Me parece sumamente interesante cómo, cuando algo es incómodo en la Biblia, los supuestos “intérpretes” se las arreglan para, entonces sí, reconocerlo como primitivo y decidir que no se deba tomar en cuenta.  ¿Qué pasaría si dijera uno que la Resurrección de Cristo fue un hecho exagerado por los narradores, tan solo un delirio primitivo de la época?

*   *   *

Justamente en el capítulo siguiente al de los mandamientos, Dios le dio a Moisés toda una letanía de instrucciones que se supone son leyes de convivencia.  Éstas consisten principalmente en las normas para golpear a los esclavos y apedrear animales que se han portado mal.  Por ejemplo, el verso 20 del capítulo 21:
El que golpee con un palo a su esclavo y éste muera, comete un crimen.  Si sobrevive un día o dos, no se le castigará, porque es propiedad suya.” (Menos mal.)
Todavía en el capítulo siguiente se dan más instrucciones:
No tolerarás hechiceros.”  (22:18.  Mandamiento que costó miles de vidas durante siglos, y aun tiene un gran costo en sociedades africanas.)
Los mandamientos que se dan pueden tener, a veces, tremenda especificidad e inutilidad, salvo quizá para los pastores de ovejas nómadas de la Edad de Bronce en Palestina:
No cocerás el cabrito en la leche de su madre.” (23:19.)
Ahora vale la pena un comentario acerca de los mandamientos en general, y en particular las instrucciones específicas que les siguen.  Para empezar, hay que señalar que poco tienen de moral o ético estas diversas instrucciones; más bien parecen ser diseñadas, en su mayoría, para cumplir con los caprichos de Yahvé.  Sin embargo, revelan algo importante: no contienen nada, en lo absoluto, que no se le pudiera haber ocurrido a un típico, primitivo pastor de ovejas del desierto palestino.  Para ser un dios, Yahvé parece actuar tal como uno de ellos.  Es como si alguien hubiera elegido a uno de estos primitivos pastores nómadas y lo hubiera hecho omnipotente.
    Si Dios es la fuente de moral absoluta, como dicen sus fans, ¿cómo es que aprueba de la esclavitud?  Aquí, los apologistas e “intérpretes” suelen recurrir al supuesto contexto de la época y nos dicen que, si la esclavitud era normal para los pobladores, entonces Dios les hablaba en términos que pudieran entender.
    Pero vimos unos capítulos antes que, cuando Dios se lo propone, tiene maneras de convencer a las personas de hacer lo que Él dice—si no, pregúntenle al Faraón.  No creo que estuviera más allá del Supremo, Perfecto, Omnipotente, Omnisciente, Omnibenevolente Señor Dios Creador del Universo decir algo así como:
“Yo soy el Señor tu Dios, no tendrás esclavos ante mí.”
    O quizá:
“No violarás.”
    Ciertamente, entre los mandamientos y la instrucción de no cocer al cabrito en la leche de su madre, podría haber algo bueno y útil para los humanos, tal como:
“No beberás agua que no haya sido hervida antes”.
    ¿Acaso es necesario explicar que esto hubiera sido infinitamente más útil que cualquiera de los supuestos mandamientos?  ¿Cabe alguna duda de que esto está dentro de las posibilidades de un supuesto dios?  ¿Qué tal decretar algo como “te lavarás las manos antes de comer”?
    La cuestión no es el contexto moral de los habitantes de estos relatos, sino la calidad moral del Dios que supuestamente está para hacer el bien y ayudarlos.  Si Dios les dijera que dejaran la esclavitud, seguramente le hubieran hecho caso.  Pero nunca lo hizo.  Por el contrario, la esclavitud, la violación y el genocidio están a punto de ser recomendados por Dios en los libros venideros.  De esto se nos da una premonición en el capítulo 23, versos 20 a 33, en los que Dios da instrucciones a Moisés de entrar a las tierras de los cananeos, amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos, naciones que serán destruidas por Dios y que, según sabemos, no le han hecho ningún daño a los israelitas.

Parte III: Nada mejor qué hacer que adorar


Como Moisés se estaba tardando (pasó cuarenta días y noches conversando con Dios) los israelitas se impacientaron.  Juntaron todas su alhajas de oro, las fundieron, e hicieron un becerro de oro para ponerse a adorarlo.
    Cuando Moisés bajó del Monte Sinaí y los descubrió idolatrando al becerro, los mandó matarse entre ellos (dice el relato que murieron tres mil). Entonces destruyó el becerro y, en su ira, también destruyó las tablas en las que Dios había inscrito los mandamientos que le acababa de dar.
    Después de esto, Dios renovó su alianza con los israelitas ("aquí no pasó nada") y prometió destruir a los otros pueblos que estaban, por mala suerte, en las tierras que Él les prometió.  Casualmente, se nos volvió a recordar (34:26) que no hay que cocer al cabrito en la leche de su madre.  Moisés volvió a pasar otros cuarenta días y noches en el monte (durante los cuales se nos dice que no comió ni bebió nada) e hizo tablas nuevas.
    ¿Acaso no tienen nada mejor qué hacer los israelitas que ser lacayos de alguien en todo momento?  ¿De dónde viene este deseo de adorar algo a toda costa?  Ciertamente, está presente hoy en día pero no en todo mundo (yo nunca lo he tenido, y no soy el único).
    ¿Y qué hay del mandamiento de no matar?  ¿O acaso una vez que se rompió el segundo mandamiento está justificado castigar al infractor con la muerte?  ¿Y cómo es que Dios no está al tanto de lo que están haciendo los primitivos israelitas mientras conversa con Moisés?  Si está en todos lados, ciertamente es sumamente negligente.
    El libro concluye con unos tediosísimos capítulos acerca de cómo construyeron los israelitas el Arca del Testamento, el Tabernáculo, el Altar y las ropas sacerdotales de Moisés y su hermano, Aarón.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Sobre la Propaganda “Pro Vida”

Conducía por las calles de la bonita pero mocha ciudad de Guadalajara, en una de las colonias mejor acomodadas, cuando un joven se acercó a darme un volante.  El chavo tenía aspecto de preparatoriano, delgado, de piel clara, ojos claros y cabello castaño (información que más delante será importante).  El volante que me entregó parecía haberlo recortado él mismo con tijeras a partir de una fotocopia, y lo reproduzco a continuación, sin edición ni modificación alguna:

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Ciertamente, aunque he explorado algunas de las falacias, contradicciones, hipocresías y simples mentiras del movimiento pro vida, no he hecho un artículo específicamente de ello, enumerando y discutiendo todos los argumentos a favor y en contra del aborto; no pienso hacerlo aquí, pero sí creo que vale la pena discutir lo que vemos en este volante por lo menos.  Pueden encontrar otros artículos que he escrito acerca del tema aquí y acá.

Primero, para ser exactos y exigentes, vale la pena mencionar que los bebés, tales como el que se muestra en la imagen, sí están completamente protegidos por la ley, dado que su muerte intencional  (suponemos que es a lo que se refiere el volante) sería un delito.  Por qué poner la foto de un bebé y no la de un cigoto, embrión o feto es algo que solo puedo especular, pero probablemente sería porque los del movimiento pro vida no ven la diferencia.  Esto es un misterio para mí, ya que supongo que si pueden entender por qué una semilla no es un árbol, podrían entender por qué un bebé no es lo mismo que un feto, embrión o cigoto.  Quizá los esté sobreestimando, o quizá tienen acceso a información o entendimiento que yo no.

Segundo, vale la pena señalar la cruz en el centro de la propaganda, que delata por completo el razonamiento—o falta de—tras la misma.  Aquí planteo algo que todo mundo sabe pero no se atreve a decir: no existen argumentos racionales, ni mucho menos evidencia, para prohibir el aborto.  Tal cual.  Conozco personas inteligentes, morales y capaces que lo han intentado valientemente, pero fracasan como fracasaría el mismísimo Einstein si se propusiera argumentar que la tierra es plana.  Simplemente no se puede porque parten de premisas que no son ciertas.  De ahí que sea necesario darle “validez” a la posición pro-vida a través de la religión, todavía respetada en la sociedad mojigata y retrógrada que es la del Bajío mexicano.

Además, para este punto, vale la pena mencionar que tenemos separación entre la Iglesia y Estado en nuestro México (ver el artículo 130 de la Constitución), razón por la cual todo el argumento pro vida quedaría invalidado jurídicamente desde su concepción si abogados y jueces con pelotas siguieran la ley.

Tercero, la leyenda “A favor de la vida” es deshonesta: los espermatozoides y los óvulos están, técnicamente, tan vivos como el feto al que dan pie semanas después.  Cada eyaculación y cada menstruación son sinónimos de la muerte de seres vivos.  ¿Abogan por prohibir esto los mochos pro vida?  Por supuesto que no; cambian su discurso para decir “Bueno, realmente a lo que nos referimos es a la vida a partir de la concepción”.  Entonces podemos preguntar qué hay de la vida de la mujer: puede morir por hacerse un aborto clandestinamente, o pasar 20 años en la cárcel, o quedar sola y pobre en la calle con un bebé qué alimentar.  ¿Su vida no vale nada?  ¿Es ella dispensable?  Aunque los opositores al aborto legal hagan concesiones en estos puntos, a fin de cuentas se siguen identificando a sí mismos como “a favor de la vida”.  Además, la etiqueta tiene otra implicación adicional: que sus opositores no están a favor de la vida, lo cuál no puede ser más falso.

Por último, el punto con el que empecé: el joven de aspecto de niño bueno y acomodado que repartió la propaganda en primer lugar.  Como detalle, basta analizar la redacción del texto en el volante para detectar que no es precisamente un erudito de la lengua quien lo haya escrito.  Digo, yo no soy Octavio Paz, pero puedo acentuar palabras y redactar de manera más o menos competente.  Segundo, y a propósito de las “altas” clases socioeconómicas separadas de la realidad en nuestro país, este joven probablemente no tenga la menor idea de lo que es ser una mujer joven y pobre en México.  Obviamente, en su condición de varón se encuentra ya de por sí en desventaja.  Sus papás se encargarían, en caso necesario, de mandar a su hermana o prima embarazada “de vacaciones” a Houston por unos días a que le practiquen su aborto seguro allá; tal opción es imposible para la gran mayoría de las mexicanas hoy.

Como decía el recién fallecido Christopher Hitchens, héroe intelectual de nuestros tiempos, se conoce ya la cura para la pobreza. Se ha probado una y otra vez y es lo único que funciona: la liberación y empoderamiento de las mujeres.  Si podemos lograr que las mujeres quieran de sí mismas algo más que ser una incubadora de fieles para la iglesia, y si les damos los medios accesibles para que lo logren, podremos tener un país—y un mundo entero—mejor y más preparado para resolver los grandes problemas a los que nos enfrentamos como sociedad y especie.  Cabe mencionar que no hay religión—hasta ahora—que no se oponga a esta propuesta.



domingo, 18 de diciembre de 2011

La Lectura Crítica de Génesis

Como mencioné en el artículo anterior, la lectura crítica de la Biblia es de suma importancia, ya que los creyentes la consideran parte de sus razones para creer, así como una representación fiel de la naturaleza y carácter de Dios.  La lectura de la Biblia tiene que ser, sobre todo para el lector ateo, emprendida con la mayor crítica posible: supuestamente, éste es el mejor libro de la historia, pues fue inspirado—si no es que dictado palabra por palabra—por el mismísimo creador del universo.

La Creación y el Edén

miguelangel3la-creacion-de-adan[1] Si bien es imposible determinar con exactitud quién escribió Génesis, parece haber cierto consenso en torno a que el autor original pudo ser Moisés.  Contrario a lo que algunos saben—o creen saber—el texto contiene dos historias de la creación, que difieren entre sí en algunos detalles. Sin embargo, estos detalles son de gran importancia: recordemos que se supone que este es el mejor libro jamás escrito.  Entonces, cuando en una de las historias se mencionan seis días de creación y en la otra no, y en una Dios hace a Adán y Eva de un plumazo mientras que en la otra los hace a partir de la tierra y luego una costilla, preguntar cuál es el relato exacto no es meramente ocioso.

Adicionalmente, la historia de la creación y la expulsión de Adán y Eva está plagada de errores lógicos que no dejan a Dios muy bien parado.  Aquí algunos:

  • El primer día, Dios crea la luz.  Hasta el cuarto día, Dios crea el Sol, la Luna y las estrellas.  ¿Por qué no crearlos el primer día, y ahorrarse la creación de la luz? ¿Acaso no sabe Dios de donde viene la luz?  Metafórico el relato o no, seguramente podría ser más lógico.
  • Después de comer la manzana, Adán y Eva se esconden de Dios… y por un tiempo éste no los encuentra.  ¿Qué no era omnipotente? ¿Cómo es que no puede verlos?
  • Después de repartir sendos castigos a Adán y Eva por atreverse a querer distinguir entre el bien y el mal (qué tiene esto de malo, lo ignoro), Dios decide castigar a la serpiente haciéndola arrastrarse por el resto de sus días.  ¿Cómo es esto un castigo para una serpiente?  ¿Antes de eso lo normal era que volara?
  • Finalmente, ¿quién puso el árbol del bien y el mal ahí para empezar?  ¿Acaso Dios no sabía que lo iban a desobedecer?  ¿Para qué puso a la serpiente parlante?  Siendo tan grande la tierra para dos personas, ¿por qué no escondió el árbol en otro lado donde no lo encontraran tan fácilmente?  ¿Para qué crear el árbol en primer lugar?

Después de la expulsión del Edén, Adán tiene como hijos a Caín y Abel.  Después de que Caín mata a Abel porque a Dios le gustó más su ofrenda, nuevamente Dios no sabe qué pasó.  Hasta le pregunta a Caín dónde está su hermano; ya que lo encuentra, le pregunta a Caín quién lo mató…

Una vez que Caín es desterrado por Dios en castigo por matar a su hermano, el relato dice que ‘tuvo contacto con su mujer’.  ¿Y de dónde salió la mujer de Caín?  ¿También es hija de Adán, o Dios se la hizo aparte?

Mientras tanto, Adán tiene otro hijo, Set, a la edad de 130 años.  De ahí en delante se nos lleva por una cadena genealógica incestuosa desde los hijos de Set y sus descendientes, hasta que llegamos a Noé ocho generaciones más delante. Se nos dice que el que murió más joven de estos intermediarios, Lamec, murió a la edad de 777.  El propio Adán murió a los 900 años, mientras que Matusalén murió a los 969.

Aquí vale la pena hacer un paréntesis acerca de la supuesta interpretación del texto.  Obviamente, casi nadie cree que literalmente hayan vivido tanto tiempo estos personajes.  La reacción usual es decir que ‘es una metáfora para decir que vivieron mucho tiempo’, o quizá que ‘en aquel entonces medían el paso del tiempo de manera distinta’.  Pero detengámonos un momento: lo mismo dicen de los 6 días de la creación.  ¿Entonces, los días representan más tiempo, mientras que los años representan menos?  ¿Quién determina los criterios de interpretación del tiempo bíblico?  ¿No pudo Dios ser más consistente y específico?

Por otro lado, si se toma como que literalmente era usual que las personas vivieran hasta 900 años en tiempos bíblicos, tenemos un problema mucho mayor: sabemos que eso no es cierto.  Una vez que Noé tuvo a sus tres hijos (a sus 500 años de edad), Dios decreta, sin dar más explicaciones, que de ahí en delante las personas ya no vivirán más de 120 años.  Esto todavía es 40 años más que lo que se vive inclusive hoy en día, lo cuál no tiene sentido porque hoy estamos en el mejor momento de nuestra historia en cuanto a esperanza de vida.  Dios tendría que dar explicaciones en cuanto a cómo es que se nos redujo la esperanza de vida tan drásticamente en cuanto se nos ocurrió ponernos a contar los años más precisamente.

Noé y Sus Hijos

Obviando el ridículo relato del Arca, de todos modos queda mucho qué comentar acerca de Noé y de sus hijos.  Poco después del supuesto diluvio, Noé se emborracha y anda desnudo por su casa.  Cam, uno de sus hijos, lo ve desnudo y alerta a los otros dos hermanos, Sem y Jafet, quienes acuden con su padre y lo visten y lo cuidan.  Al volver a la sobriedad, Noé maldice a hijo de Cam en nombre de Dios, condenándolo a él y a sus descendientes a ser esclavos y sirvientes de los demás.  Lógico o no, esto es sumamente injusto.

Adicionalmente, en el capítulo 10 se nos dice que los hijos de Noé se esparcieron por la tierra según sus lenguas… pero esto es un capítulo antes del supuesto relato de la Torre de Babel, en donde supuestamente se originan los distintos idiomas de la tierra, o por lo menos de la región palestina de aquel entonces.

Abrám ó Abraham

En el capítulo 11 se nos presenta a Abrám, casado con Sarai, quien es estéril.  Dios escoge a Abrám sin razón aparente; en ningún momento explica por qué Abrám fue elegido para hacer un pacto con él.

Posteriormente, en el capítulo 14, aparece un personaje llamado Melquisedec quien, se nos dice, es sacerdote. Pero un momento: ¿de qué iglesia? ¿Quién lo ordenó? ¿Era algo así como un chamán de la época?

Cabe mencionar que los personajes bíblicos tienen todos una obsesión por la procreación: en todo momento, cuando Dios bendice a alguno de ellos, siempre es con numerosa descendencia.  En el caso de Abrám, como su esposa es estéril, ella misma le ofrece a su esclava para que tuviera un hijo con ella, propuesta que acepta Abrám y que da como fruto a Ismael (capítulo 16).

Entonces, en el capítulo 17, sin más explicación, Dios sella su supuesto nuevo pacto con Abrám, le cambia el nombre a Abraham, y le indica que la señal distintiva de este nuevo pacto será la circuncisión.  Abraham procede a circuncidarse y a circuncidar a todos los varones de su familia.

Finalmente, Dios hace uso de sus poderes mágicos y hace fértil a Sarai, para que le dé a Abraham un hijo, Isaac.

Sodoma y Gomorra

Resulta que Dios estaba descontento con los sodomitas por sus abominables prácticas homosexuales y decide destruir a toda la ciudad.  Antes de esto, en diálogo con Abraham, acuerda salvar la vida de cualquier persona justa que viva en dicha ciudad.  Esta persona resulta ser Lot, a quien Dios manda unos ángeles en forma de personas a advertirle que la ciudad está por ser destruida.  Al enterarse que Lot tiene visitantes, los sodomitas quieren conocerlos para—qué más—sodomizarlos.  Ante esto, el noble Lot decide ofrecerle a la chusma afuera de su casa sus dos hijas vírgenes a cambio de que no sodomicen a sus visitantes.  Afortunadamente para todos, los ángeles usan sus poderes mágicos para cegar a los sodomitas, a tiempo para que Lot pueda escapar de la ciudad, que es prontamente destruida por una lluvia de azufre incandescente desde los cielos.  Su esposa, por mirar hacia atrás, es convertida en sal.  Dios destruye a Gomorra también.  Una vez logrado su escape, las hijas de Lot, en su desesperada obsesión por tener hijos (nada es más importante para los peones bíblicos que protagonizan estas historias), lo emborrachan y cada una se acuesta con él, quedando preñadas las dos.

¿Por dónde empezar?  Ciertamente, la elección de Lot como el que valía la pena rescatar de la destrucción deja mucho qué desear.  ¿Qué clase de hombre ofrece a sus hijas a cambio de extraños?  Ciertamente, en la Palestina de la Edad de Bronce pudiera ser algo usual, pero el Supremo y Perfecto Señor Dios Creador del Universo es mejor que eso, ¿no?  ¿O tiene solo la moral de un Palestino de la Edad de Bronce?

Finalmente, la familia de Lot, supuestamente tan virtuosa, resulta ser incestuosa y no puede resistir a la tendencia de la época de procrear.

Abraham e Isaac

En el capítulo 22 ocurre uno de los relatos más conocidos de la Biblia, el el que Dios pide a Abraham que sacrifique a su único hijo (hasta ese momento), Isaac, como si fuera solo una oveja más.  En el último momento, justo antes de que Abraham mate a su hijo—atado como si fuera un animal—Dios manda a un ángel a detener la acción y darle a Abraham un cordero para que lo mate en vez de Isaac.  Se nos dice que todo era una prueba para determinar la fidelidad de Abraham a Dios.

Comúnmente este relato es interpretado en el sentido de que Abraham fue un hombre virtuoso, dispuesto a hacer lo que fuera por Dios, y éste a su vez lo recompensó perdonando la vida de su hijo.  Sin embargo, hay algo importante a considerar:

No importa si Dios tuvo la intención o no de que Abraham matara a su propio hijo; el acto mismo de siquiera pedirle a alguien que mate a su hijo es inmoral.  Si cualquiera pide a alguien matar por capricho a su propio hijo, la respuesta correcta—siempre—es “no”.  El acto mismo de pedir dicho sacrificio de alguien—sobre todo de alguien sobre quien se tiene ventaja—es un acto inmoral y cobarde.  ¿No puede Dios hacerlo él mismo?  ¿Por qué recompensa Dios la obediencia a órdenes inmorales?  ¿No había alguna persona mejor que Abraham, que hiciera lo correcto y se le opusiera?  ¿Cómo hubiera reaccionado el primitivo Dios judío si una persona más moral que él se negara a obedecer sus órdenes inmorales?

Para los que abogan por la misericordia de Dios, vale la pena revisar el episodio de Jefté, en el libro de Jueces, capítulo 11.  En dicho pasaje, Jefté ofrece a su hija a cambio de una victoria en la batalla; al volver victorioso, la sacrifica a Dios y éste no hace nada para detenerlo.

De Isaac en Adelante

Curiosamente, a partir de este punto la participación de Dios en el libro de Génesis disminuye considerablemente.  Los siguientes capítulos tratan de la vida de los descendientes de Isaac e Ismael (también hijo de Abraham, pero lo tuvo con una esclava de su esposa cuando ella era estéril).  Entre una larga cadena de relaciones sexuales entre todos y sus hermanas (literalmente), hay algunos pasajes que despiertan la curiosidad de cualquier persona pensante:

  • Capítulo 29: Jacob se casa con dos hermanas, Lía y Raquel.  Aunque tuvo varios hijos con Lía, realmente quería más a Raquel, que además era estéril.  Entonces Raquel le dio a Jacob su esclava para que pudiera tener hijos con ella.  Celosa y para no quedarse atrás, Lía le da a Jacob a su esclava también para que tuviera hijos con ella.  Finalmente, Dios hace fértil a Raquel también y tiene hijos Jacob con ella.  ¿Es Jacob un tipo afortunado, o qué?
  • Capítulo 34: Dina, hija de Jacob, es violada por uno de los heveos.   La razón: pues es que él estaba muy enamorado de ella y no se aguantó.  En compensación, ofrece a la familia de la joven casarse con ella.  La familia, curiosamente, estaba molesta no porque una de sus hijas fuese violada (al cabo se casa y ya), sino porque fue violada por un hombre sin circuncisión… Entonces el violador ofrece que él y toda su tribu se harían dicho ritual.  Al tercer día de su convalecencia, los familiares de Dina los matan de todos modos.  Cabe mencionar que la opinión de Dina de todo esto nunca es consultado.
  • Capítulo 35: Dios mata a Onán por eyacular en el piso en vez de dentro de su cuñada.  En la anotación al pie de la página, el editor nos dice que su crimen fue “egoísmo”… ¿Y cogerse a la mujer de su hermano, qué?
  • Capítulo 38: Judá embaraza a su nuera, que ya estaba viuda.  Esto es porque la “confundió” con una prostituta.  ¿Cómo pudo suceder dicha confusión? Fácil: es que ella llevaba la cara tapada.  Se dan cuenta de su embarazo tres meses después.

Después de muchas desventuras, los hijos de Israel (antes de nombre Jacob) se convierten en las 12 tribus de Israel.

Génesis logra dejar algo muy claro para los lectores: el contexto cultural de la época en que supuestamente Dios hace su pacto con los hombres.  Cómo fue que escogió al pueblo israelí, qué méritos hicieron y por qué los demás no eran dignos, nunca queda claro en el relato. Claro, los teólogos “sofisticados” ponen todo tipo de pretextos para explicar las pifias e inconsistencias no sólo de Génesis, sino de toda la Biblia.  A fin de cuentas, son solo como los sastres del traje del emperador.  El libro es muy claro: estamos lidiando con primitivos granjeros de ovejas del desierto palestino en la Edad de Bronce, y su dios no es nada mejor que ellos.

     


martes, 1 de noviembre de 2011

Sobre la Importancia de Leer la Biblia Críticamente

Muchas personas ya intuían lo que hace unos pocos meses se comprobó con un estudio: los ateos saben más de religión que los creyentes.  Contrario a lo que pudiera pensarse de manera intuitiva, los ateos son relativamente estudiosos de las religiones, tanto de las que abundan en su cercanía geográfica como las que no.  Ciertamente, un ateo mexicano estará bien informado acerca del catolicismo, por ejemplo, pero muy probablemente sepa más que los católicos acerca de otras religiones como son el Islam, Judaísmo, o Mormonismo.  Entre las mejores cosas que uno puede hacer para informarse acerca de las religiones está el estudio de sus libros sagrados.

La Biblia parece un volumen imponente para muchos lectores; dependiendo de la edición, puede llegar a tener más de 1000 páginas en letra pequeña y dos o más columnas por página; en un país tan perezoso para la lectura como es México, no es raro que la gran mayoría de los mexicanos (incluyendo los que se dicen creyentes) nunca la han leído completa ni en partes.  ¿Y qué tiene que andar haciendo un ateo poniéndose a leerla, entonces?  Bueno, pues aprender acerca de la religión, claro está.

La Biblia y la Mitología

Cuando leemos algún relato mítico de la literatura universal, tal como pudieran ser los textos de los antiguos griegos, la parte crítica de nuestro cerebro se relaja considerablemente.  Esto es porque, para apreciar la historia, debemos situarnos en el contexto del autor y su época (ciertamente, esto también lo hacemos con relatos de ficción en general, incluyendo en otros géneros como el cine).  Entonces, cuando un personaje en la Ilíada de Homero invoca a Neptuno al encontrarse en aguas traicioneras en el mar, no nos detenemos a decir: “Un momento.  Neptuno no existe. ¿Acaso no entendía eso Homero? Vaya, que libro tan fantasioso e ignorante.”  Aceptamos la convención de que nos encontraremos circunstancias y personajes descabellados, pero los incorporamos a lo que pudiera considerarse el contexto de la época y el autor.  O, si la obra es explícitamente de ficción—como pudiera ser El Señor de los Anillos, por ejemplo—, simplemente nos dejamos ir por completo y aceptamos lo que el autor nos proponga, siempre que lo haga de manera inteligente y creativa.

Dicha lectura de la Biblia es, temo decir, imposible para un ateo.  Si bien hay una parte de nosotros que quiere entender y disfrutar el relato por sus propios méritos (como la Ilíada, Gilgamesh, o El Libro de Los Muertos), nos encontramos con que el libro tiene un bagaje grandísimo que no podemos hacer a un lado del todo al leerlo.  Dependiendo a quién se le pregunte de los creyentes cristianos de las diversas corrientes, se obtendrá que la Biblia fue inspirada—si no es que dictada palabra por palabra—por el mismísimo Dios.  No estamos hablando de Zeus, en quien nadie cree ya, ni Ra, ni Isis, ni Thor, ni Quetzalcóatl.  No: estamos hablando ni más ni menos que del Omnipotente, Omnibenevolente, Omnisciente, Omnipresente Señor Dios Creador del Universo.  ¡Vaya libro que éste ha de ser, ¿no?!  Adicionalmente, los creyentes suelen agregar que la lectura de este imponente volumen nos proporcionará con una base sólida para la creencia en Dios y en su Hijo Jesucristo, así como una representación fiel de la naturaleza y carácter de Dios.  Muy bien, entonces habrá que leerla para ver qué es lo que dice, ¿no?

Entonces, me he dado a la tarea, ya largamente postergada, de leerla.  He terminado el primero de los 73 libros—Génesis—y ya preparo un artículo acerca de lo que me encontré.  Es mi intención hacer un artículo de cada uno de los libros que contiene la Biblia, proyecto que seguramente me tomará alguno que otro año.  He optado por alternar la lectura de un libro bíblico con otros libros de la literatura clásica universal, para no enfadarme y mantenerme atento.  Por ahora basta decir que, si Génesis es representativo de toda la Biblia, tendré mucho que escribir.