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domingo, 9 de marzo de 2014

El pontificado homeopático

Jorge Mario Bergoglio aprendió la lección que no aprendió Joseph Ratzinger: cuando lo que vendes no es realmente un producto ni un servicio, lo único que te queda es vender una imagen.  Como lo hacen los más eficientes charlatanes de la supuesta “medicina” alternativa, y tal como lo hiciera Karol Wojtyła desde 1978 hasta 2005, el más reciente autonombrado representante de Cristo en la Tierra se ha dedicado a hacer no solo que su estafa pase desapercibida, sino que sus clientes le agradezcan y lo defiendan por venderles absolutamente nada.  Mientras por un lado ofrece un semblante sonriente y humilde, por otro lado mantiene las políticas que tanto han mantenido en rezago no solo a los miembros de su rebaño sino, por influencia de éstos en la sociedad y política, al mundo entero.

    El problema de Benedicto XVI era que se dedicaba a decir lo que el resto de la curia dirigente pensaba, pero consideraba prudente callar.  Cierto, era una pesadilla mediática (o un festín, dependiendo del lado que se viera), pero al menos era congruente su decir con su actuar:  ¿Decenas de miles de niños violados alrededor del mundo, y sus violadores protegidos?  ¡Bah, exageraciones de una conspiración internacional contra la Iglesia VerdaderaTM!  ¿Millones de enfermos y muertos de SIDA en África?  ¡Peor sería que usaran condones!  ¿Parejas que se aman tratadas como ciudadanos de segunda clase en todos los continentes?  ¡Se lo merecen, pues son ellos precisamente los conspiradores!  ¿Derechos de las mujeres?  ¡Ni que estuviéramos en el siglo XXI!

    La iglesia sufrió enormemente en los años de Benedicto XVI, precisamente porque por primera vez en más de veinte años se mostró tal como era.  Los números de creyentes aceleraron su  disminución en todo el mundo en términos porcentuales, y las únicas estadísticas a la alza que podía presumir el Vaticano eran—como siempre—las de bautizos totales que, cada vez es más aceptado, son en sí una forma de abuso infantil.

    Y es entonces que, argumentando desgaste y deterioro de salud, Ratzinger se bajó del caballo y acabó siendo nombrado Bergoglio—de ahí en delante, Francisco—como relevo.  Entre los escépticos no se esperaba gran cosa: ya sabíamos que en el Vaticano los sucesores siempre son de continuidad, nunca de cambio.  Sin embargo, entre los creyentes de a pie se notó un renovado vigor.  Yo mismo lo veo con frecuencia en mis redes sociales: que si el papa es muy humilde, que si está renovando la iglesia, que si la está defendiendo, que si es muy conciliador…  Noam Chomsky, habiendo observado el mismo fenómeno en Barack Obama, apuntó: “Lo que importa no es lo que dice, sino lo que hace.  Y en eso, [Obama] ha sido peor que Bush”.   Entonces, ¿qué es lo que ha hecho Bergoglio?

    Para empezar, no se ha dado ningún cambio de doctrina en lo absoluto dentro de la iglesia desde que tomó posesión; las mujeres, los homosexuales, los pederastas y el SIDA siguen en las mismas condiciones de negación y negligencia de siempre.  Desde hace tiempo, los zombis defensores de la fe promueven la idea de que las estadísticas son exageradas y, además, que son los malditos gays los que conspiran para difamar a la iglesia.  Por otro lado, los mismos zombis preparan la nueva estrategia de negacionismo gay (sí, tal como lo lee), en vista del fracaso obtenido hasta ahora (es fascinante y muy triste la disonancia cognitiva por la que ha de pasar este grupo de gente).

    Predeciblemente, los cruzados no entienden los argumentos en su contra.  Por ejemplo, nadie está diciendo que los índices de pederastia sean mayores entre la curia que entre la población general.  Lo que se está diciendo es que es solamente en la curia donde se le da protección al violador del niño en vez de al niño.  Anticipando esto, el papa Francisco ha tomado una medida homeopática al respecto: aumentó la pena por pederastia hasta la asombrosa cantidad de—prepárese,  que esto es altamente revolucionario—doce años, aplicable solamente para casos que se den dentro del Vaticano (es decir, ninguno).  Y sin embargo, es justo el placebo que los cruzados necesitan para sentir que se está transformando radicalmente a la iglesia.  (Es de notar que, en el mismo paquete legislativo que promulgó el papa, se encontró también una ley que aumentaba la pena por revelar secretos del Vaticano.)

    Francisco ha adoptado estrategias similares en las otras áreas: dice una cosa bonita, pero cuando actúa deja claro que no habrá ningún cambio.  Cuando por un lado se pronunció por no marginalizar a los homosexuales—llegando al grado de decir no ser nadie para juzgarlos—, por otro lado excomunicó a un sacerdote pro-gay en Australia.  Tan solo un día después de decir que hay cosas más importantes que el aborto en las que debería enfocarse la iglesia, presionó a doctores para que se rehúsen a efectuarlos.  Igualmente, un día después de decir que ateos y agnósticos podían ser redimidos por sus buenos actos, uno de sus lacayos oficiales lo desmintió, aclarando torpemente: “Bueno, lo que quiso decir su Santidad…” (Por cierto: ¿quién carajos está a cargo?  ¿Es infalible el tipo o no?  ¿Tiene diálogo privilegiado con dios o no?)

    Pero quizá el aspecto más notorio del pontificado de Francisco ha sido su enfoque en proyectar una imagen de humildad—y asegurarse que todos sepan de ello:  ahora no usa los zapatos lujosos rojos que presumía Ratzinger, sino solo zapatos lujosos comunes; optó por vivir en unos departamentos ostentosos que no son los ultra-ostentosos que usaban otros papas; se dejó su crucifijo de plata en vez de adoptar uno de oro; y claro, ha participado en cientos de actos de relaciones públicas donde se toma la foto con todo tipo de gente desafortunada, a la que otorga el placebo de su bendición y nada más, al mismo tiempo que defiende las políticas que mantienen a esa gente en su desesperación y pobreza.  Al menos con Ratzinger uno sabía lo que (no) le estaban vendiendo.


Enlaces de interés:

Un lobo vestido de papa

Típica sentencia por pederastia en el mundo laico

Reporte de la ONU sobre pederastia

Lo mejor de lo peor de Herr Ratzinger

Epidemiología del SIDA

Negación católica de la homosexualidad

Excomunicación de sacerdote liberal

No hay que obsesionarse con el aborto, excepto que…

Palabras conciliadoras, actos no tanto



lunes, 26 de marzo de 2012

Cuando Un Ateo Se Casa Por La Iglesia

 

El sábado 20 de agosto del año pasado me casé en un templo católico con una mujer católica. Para los lectores no tan frecuentes, esto pudiera ser desconcertante. La mayor parte de lo que escribo es en contra de la religión, y el catolicismo ha sido el blanco particular de mucho de eso. Más aun, el lector recordará que, para poder pasar por tal ritual, debí estar apropiadamente confirmado dentro de la religión, o por lo menos llevar un rito distinto en caso de no estarlo. Aquí les puedo confirmar que, efectivamente, estoy bautizado y confirmado en la Iglesia Católica (no tienen idea de lo difícil que es admitirlo) y que es algo que medito todos los días de mi vida.

El Abuso Que Es El Bautizo

Cuando tenía unos seis o siete años, se me dio la opción de ir al catecismo para poder hacer mi Primera Comunión (celebración conocida más formalmente como Eucaristía). Inclusive desde esa edad ya me había identificado como un no-creyente, y especialmente como un no-católico. Le dije enfáticamente a mi madre, que hizo la propuesta, que no lo haría porque no creía en esas cosas. Agregué, además, que ni siquiera estaba bautizado y por lo tanto no era procedente la comunión. Fue entonces que ella me dijo que sí había sido bautizado cuando era un bebé.  Me mostró los documentos que avalaban mi bautizo, y recuerdo haberme molestado mucho.

    Mi padre y mi madre no son personas religiosas en lo absoluto. Alguna vez mi madre se consideró católica, pero dudo que lo siga siendo dadas sus posiciones tan radicalmente opuestas a la Iglesia y su laicidad evidente. Mi padre definitivamente es ateo. Por lo tanto, hubiera pensado que les parecería obvio que bautizar a un bebé es algo abusivo, que marca para siempre al niño en cuestión poniéndole una etiqueta que sólo se debería adoptar personalmente en edad adulta. No existe tal cosa como un bebé católico, musulmán o judío. Para ilustrar este concepto, basta con pensar en un bebé objetivista, marxista o kantiano. Absurdo. ¿Y qué pensaríamos de los padres que pusieran tales etiquetas a sus hijos? Ciertamente, ésta es una forma de abuso infantil. Puedo entender por qué mi madre, siendo católica en aquel entonces, hubiera querido bautizarme. Pero dudo que, siendo como ella es hoy, lo volviera a hacer. Por qué mi padre no se opuso, o si lo hizo pero no lo suficiente, no lo sé.

    Desde aquella temprana edad, el bautizo ha sido una marca que he deseado no tener, tratando de racionalizarlo con pensamientos como “es sólo un papel” o “basta con no creer y ya”. Y aunque la Iglesia Católica no es para nada una autoridad de ningún tipo ante mí, me molesta que en algún lado algún burócrata violador de niños en El Vaticano me esté contando como uno de ellos. ¿Pero qué se puede hacer? He encontrado algunos textos en la Web, principalmente de origen español, que hablan de la Apostasía como un trámite posible para gente como yo. Básicamente, consta en solicitar a la Iglesia la baja de su padrón de fieles mediante una anotación en el libro de bautizos donde está uno. En mi caso sería algo engorroso, ya que el trámite se hace en persona y vivo en una ciudad distinta a la que fui bautizado, y viajar no es tan fácil como para darme una vuelta y solicitar mi baja. Sin embargo, presiento que algún día lo acabaré haciendo.

La Dama en Cuestión

En México la gran mayoría de las personas son católicas. Ese número ha ido a la baja desde 98% en los 60 hasta apenas 82% el día de hoy, pero siguen siendo una abrumadora mayoría. El número de ateos es difícil de estimar, pero suele considerarse en menos de 5%. Por lo tanto, dos personas que se conocen tienen una alta probabilidad de ser de la misma religión y que además esa religión sea la católica. Así que, siendo miembro de una minoría tan reducida, casi todas las mujeres que he conocido han sido católicas. Desde que conocí a mi actual esposa le hice saber que era ateo, y ella me dejó claro que era una católica seria (a diferencia de tantos mexicanos que se identifican como católicos pero son esencialmente laicos). Inclusive uno de sus hermanos es sacerdote católico. En fin, eso no detuvo que comenzáramos un noviazgo y decidiéramos casarnos.

    Y aquí tomé una decisión sumamente difícil. Es posible, dentro de los ritos de matrimonio católicos, que uno de los contrayentes no sea de la fe. Sin embargo, para que el matrimonio proceda, debe renunciar por escrito a su fe al momento de casarse para efectos de la educación de los hijos. Obviamente, la Iglesia no tiene manera efectiva de asegurarse que esto vaya a ser así una vez que la pareja sale del templo, pero el infiel por lo menos lo pone por escrito. Además, el matrimonio debe ser aprobado previamente por las autoridades eclesiásticas una vez que se cuenta con dicha concesión.

    Teniendo esta opción, opté mejor por lo contrario. Le propuse a mi futura esposa seguir adelante con el proceso de mi Eucaristía y Confirmación (teniendo ya 28 años cumplidos) para tener la boda dentro de la Iglesia como si fuera católico, aprovechando mi bautizo. Esto lo hice principalmente para procurar que en la boda los protagonistas fuéramos nosotros dos, en vez de mi ateísmo. Obviamente, ella tendría que ser mi cómplice en mantener anónimo mi ateísmo durante el trámite (y ante su hermano sacerdote, que fue quién nos casó), y yo no haría ni una pizca más de lo absolutamente necesario para guardar las apariencias (me rehusé a confesarme, por ejemplo).

    Una amiga de ella, que es catecista y que se convirtió en amiga mía también, me ayudó con mi “preparación”. Esta amiga ignoraba (y todavía ignora, hasta donde sé) que yo soy ateo. Esta parte es muy molesta para mí, pero no había manera de ser completamente honesto sin poner en juego todo. Afortunadamente, ella siempre supuso que yo era creyente y nunca preguntó directamente si lo era. Si hubiera preguntado seguramente le habría dicho todo y es muy probable (y comprensible) que no hubiera aceptado ayudarme con mi preparación después de eso. Quisiera algún día aclarar todo y seguramente lo haré, pero no he decidido cuándo ni cómo. Como el lector sospechará, por otro lado, abusar cínicamente del sistema de la Iglesia Católica para poder casarme me tiene sin cuidado.

En Conclusión

Decidí escribir de esto porque me ayuda a desahogarme, y probablemente sea un primer paso hacia una mayor apertura acerca de mi ateísmo. Además, es un hecho que miles o quizá de millones de personas que estadísticamente cuentan como católicas realmente no lo son, aunque no necesariamente sean ateas.  Por más que escribo en Internet, en la vida diaria soy más bien discreto acerca de mi no-creencia. Pero debo admitir que quisiera participar en activismo en torno al tema, tal como lo son debates, manifestaciones y conferencias. También quisiera dejar de tener que cuidar absolutamente todo lo que digo en público por miedo a ofender a otros. ¡Como si lo que otras personas creen no me ofendiera a mí! Si lo que digo molesta a otros, ése es su problema: ¿quién los manda a creer cosas que no son ciertas?



lunes, 12 de marzo de 2012

Hasta Luego A Un Enano Intelectual

Sobre el “Pensamiento” de Sandoval

Desde hace varias semanas quería escribir esto, pero dificultades de salud y de horarios me han estado limitando en mis publicaciones. Sin embargo, creo que es útil y apropiado decir algunas palabras acerca del pequeño alivio que hemos tenido los tapatíos en cuanto a la contaminación intelectual cotidiana se refiere.

    Sabrán, estimados lectores, que doy un vistazo general a publicaciones como el Semanario de vez en cuando, a manera de un ejercicio intelectual, para mantener mis habilidades de crítica constantemente entrenadas y mis argumentos actualizados. Esto es tremendamente difícil para mí, y requiero darle latigazos a mi cerebro tan sólo para teclear la dirección de la página en mi navegador de Internet. Sin embargo, el ejercicio intelectual lo vale, y encuentro que frecuentemente estoy más al tanto de la religión que inclusive los que se dicen religiosos. Generalmente se tratan temas de poco interés para mí, pero en el Semanario ocasionalmente salen algunas auténticas joyas del pensamiento mezquino, masoquista y retrógrado que es el de la religión católica. Así que imaginarán mi reacción al momento que el “Cavernal” Sandoval escribió un par de artículos irrisorios (aquí y aquí) acerca de un tema que sí me interesa y del cual—ante riesgo de sonar presumido—estoy bastante bien informado (ciertamente más que él).

    Sin embargo, quisiera no abordar necesariamente el contenido de estas muestras de basura intelectual, sino más bien la razón por la que son basura. Ya dediqué otra publicación, que podrán encontrar aquí, a desmenuzar las falacias en los “argumentos” de este supuesto “pensador”. Más bien, creo que es importante señalar por qué toda la teología es en sí una falacia y por lo tanto condenada al pensamiento equivocado y, por ende, a la falsedad.

    Primeramente, hay que señalar algo que nos indica el estilo de argumentación del cardenal. Le pido al lector enorme paciencia en lo que analizamos un fragmento de uno de sus artículos, reproducido aquí sin interrupciones ni edición. Como contexto agrego que el título de la publicación es “El ateísmo, por ignorancia o soberbia” (la ironía es deliciosa):

“Es una cuestión de vida o muerte para el hombre saber si existe Dios o no, porque en ello va su destino.

    Las Sagradas Escrituras nos dan pistas para investigar, y una de ellas es la Naturaleza. El Libro de la Sabiduría, en el Capítulo XIII, dice: ‘Las obras del Señor, las maravillas del Señor, proclaman su gloria, y por ellas el hombre puede llegar hasta su Creador’.

    San Pablo, en su Carta a los Romanos, en el Capítulo I, dice: ‘Son inexcusables los idólatras, porque, aunque no hayan tenido la Revelación, sí tuvieron ante sus ojos las obras de Dios, y por ellas puede llegar el hombre, razonando, hasta su Hacedor’.

    También San Pablo -que habla en Los Hechos de los Apóstoles de cómo estamos envueltos en Dios- manifiesta: ‘En Él vivimos, nos movemos y existimos’; es decir, que nuestra vida depende, como seres frágiles que somos, de una mano misteriosa que nos envuelve y nos sostiene.

    San Agustín dijo algo verdaderamente importante que nos conduce al camino interior y, tal vez, al camino más apropiado para buscar a Dios… ya sea en tu propio corazón, y qué es lo que tu corazón anhela y desea.

    El mismo San Agustín -quien anduvo muchos años en la búsqueda ansiosa de Dios, de la verdad y la belleza absolutas- afirmó: ‘Nos hiciste para Ti, y nuestro corazón andará inquieto hasta que descanse en Ti’.”

    El patrón es claro: citas de diversas fuentes para decir lo mismo que él quiere decir una tras otra. ¿Pero qué tiene de falaz esto? Bien, pues que con el uso de las citas no está creando ni un solo argumento. Esto es que no hay premisas, ni silogismos, ni aclaración de falacias aparentes, ni nada; tan solo llega a su conclusión desde el primer párrafo y luego cita a muchas personas “importantes” que dijeron lo mismo que él hace muchos años. Para ilustrar mejor el problema, consideremos un “argumento” que va así:

1. Yo soy Fulanito y digo que “X”.
2. Hace muchos años, el sabio Sutanito dijo “X” también.
3. Aún antes de eso Menganito, que es muy listo, dijo que “X” también.
4. Más años atrás de eso, Perenganito, que es mi ídolo, dijo “X” y hasta lo dijo dos veces y por escrito.
5. Por lo tanto, “X” es cierto y yo tengo razón.

    Nada tiene de malo citar autoridades en un argumento; el problema es cuando se hace para evitar un argumento o cuando no son realmente autoridades (más acerca de este punto más adelante). Consideremos, entonces, una estructura distinta, quizás así:

1. Menganito, que es un experto, dijo “A”.
2. Sutanito, que también sabe del tema, dijo “Si A, entonces B”.
3. Perenganito, que no es nada tonto, dijo “Si B, podemos descartar C y D para deducir E”.
4. … y así sucesivamente, hasta que llegamos a que:
5. Yo, Fulanito, concluyo entonces que “X”.

    ¡Mucho mejor! Notemos, también, que podemos quitar por completo todas las menciones de nombres y posiciones de autoridad, y aun así la conclusión “X” está sustentada por una cadena de pensamiento. Claro, ésta cadena todavía podría contener errores, pero por lo menos la elemental falacia de autoridad ha sido evitada.

*   *   *

Y ahora el punto más importante, que es el que más quiero subrayar en este artículo: ¿y quién dice que estos pensadores son autoridades?  Verán, cuando nos dicen que ocho de cada diez dentistas recomiendan la pasta de dientes Z, lo aceptamos sin consideración mayor.  Pero si nos dicen que ocho de cada diez dentistas recomiendan el jabón Y, entonces algo está mal.  ¿Qué tienen que decir los teólogos acerca de cómo funciona la realidad?  ¿Qué observaciones, hipótesis, experimentos y conclusiones han formulado para sustentar sus “conocimientos”? Y más importante, ¿cómo podemos verificar que lo que dicen sea no solo bonito, sino cierto?

    Ejemplifico: si un cardiólogo me dice que sabe y entiende más de cardiología de lo que yo siquiera imagino, y que por dicho conocimiento sofisticado es una autoridad en la materia ante mí, le creo.  No porque simplemente sea su palabra, sino porque el tipo abre personas por el pecho, saca el corazón, lo arregla, lo vuelve a acomodar en su lugar, los cose y quedan como nuevos.  Esa es una demostración de conocimiento y justificación de autoridad que hasta un aprendiz de plomero podría hacer en su materia.  ¿Qué pueden hacer los teólogos, así sean el mismísimo San Agustín, que se aproxime siquiera remotamente a esto?

    Verán, la teología es realmente un argumento circular desde la ignorancia, en el que se asume la conclusión en las premisas: primero se da por hecho que Dios existe y se sigue desde ahí.  Sin embargo, hacen una serie de saltos lógicos que lo dejan a uno atónito si está poniendo tan solo un poco de atención y cuenta siquiera con lógica intuitiva: primero, asumen que Dios existe (lo que ya de por sí demuestra que no han investigado mucho la cuestión); luego, que es el Dios de la Biblia; después, que la Biblia es una representación confiable del carácter y naturaleza de Dios; y entonces, suponen que la “interpretan” correctamente—lo cuál es sumamente dudoso dado el hecho que todas las distintas ramas del cristianismo afirman que ellos tienen la interpretación correcta, y que son todos los demás los que están mal.

    ¿Y cuánto tiempo del currículum se dedica en seminarios a lavar el cerebro de los estudiosos para ignorar estos problemitas?  Aparentemente, no mucho; poco preocupa a un creyente que otros crean algo distinto y, por lo tanto, que alguien definitivamente esté creyendo algo falso.  En vez de enfrentar el hecho de que su estudio es el estudio de fabricaciones e inventos circulares, prefieren dar virtud a su credulidad y pereza intelectual llamándola “fe”.

    Pues yo no tengo fe, y creo que quienes consideren estas cuestiones y la sigan teniendo están siendo fundamentalmente deshonestos y con ello contribuyen a gran parte de los males que nos aquejan como sociedad y civilización.  Debido a la “fe” de las personas, estamos desperdiciando valiosísimos recursos económicos y legales en debatir no-problemas como el aborto, la homosexualidad y derechos reproductivos elementales.  Mientras tanto, los problemas realmente difíciles como el control de población, el calentamiento global y el apropiado tamaño y rol del gobierno quedan en lista de espera.  ¡Y además se nos dice que debemos respetar esto!

*   *   *

    Bien, pues hemos sido librados, por lo menos temporalmente, de este tipo de “pensamiento” y sus consecuencias con la partida de Juan Sandoval hacia su retiro.  Sin embargo, escogí las palabras “hasta luego” y no adiós por la alta influencia que este nefasto personaje tiene todavía en nuestra vida pública—particularmente en círculos políticos—y no me sorprendería en lo más mínimo que volviéramos a oír de él.  Además, en su lugar todavía quedan muchos que estarán promoviendo el mismo no-pensamiento para avanzar su agenda.  Aún así, es un alivio que esta persona ya no esté en los reflectores y, me atrevo a decir, el mundo es un poquito mejor gracias a eso.



martes, 10 de enero de 2012

El Cuento del Éxodo

moses01[1]Después de alternar la lectura de  la Biblia con otros textos más interesantes (dudo que alguien aguante leer los 70 libros uno tras otro), ahora pasé a darle una leída detenida al segundo libro, Éxodo.  Yo ya tenía ciertas dudas acerca de la veracidad del relato y la presencia Judía en Egipto en general, sembradas por pensadores como Christopher Hitchens y Sam Harris.  Bien, pues un poco de investigación ligera arrojó los siguientes resultados:
Nunca hubo judíos en Egipto: enlace aquí y aquí.
    Entonces, las pirámides egipcias no fueron construidas por esclavos judíos: acá.
    Bien, pues con el entendimiento de que no considero por ningún momento que el relato sea confiable desde el punto de vista histórico, va un breve recuento de lo que pasaba por mi mente leyendo este tomo de la Biblia.

Parte I: La Represión del Pueblo Judío en Egipto


Génesis nos había dejado con la historia de José, un judío descendiente de Israel que interpretó los sueños del Faraón egipcio en turno, logrando predecir periodos de extrema abundancia y escasez en su reino (nunca se nos dio el nombre del Faraón, lo cuál hubiera sido de suma utilidad para ubicarlo entre los cientos de faraones que los historiadores tienen cuidadosamente catalogados en gran detalle).  Sin embargo, se nos dice que a la muerte de este faraón anónimo el igualmente no identificado sucesor fue cruel con el pueblo israelita, obligándolos a trabajos forzados y exigiéndoles rendimientos altísimos.  En respuesta a esto, Dios castigó al Faraón y su gente mediante diez plagas, una tras otra, hasta que por fin el Faraón dejó ir a los israelitas.
    Pero hay un detalle incómodo: con cada plaga, una y otra vez, Dios mismo “endureció el corazón” del Faraón.  Inclusive hay ocasiones en que Dios habló con Moisés, como en el capítulo 4, para decirle desde antes de la plaga que endurecerá el corazón del monarca para que no los deje ir.  Esto, dice Dios, es para poder tener pretexto para mostrar su ira a través de las múltiples plagas que mandará.
    Esto lleva inevitablemente a preguntarse por qué Dios tiene que endurecer al Faraón.  ¿Pudiera ser que el Faraón era bueno, pero la sed de destrucción de Dios lo hizo endurecerlo?  ¿Qué razones tiene Dios para estar tan ansioso de hacerle mal a los egipcios?  (Los celos de los dioses egipcios pudieran ser una clave).
    Aquí, los apologistas cristianos se sacan de la manga, como en la misma nota al pie de la página de mi edición de la Biblia, que “endureceré el corazón del faraón” es solamente un decir, y que realmente el faraón fue el culpable de todo.  Básicamente, su explicación es que la Biblia no dice lo que dice.
    Alternativamente, los apologistas suelen justificar este comportamiento con la respuesta más irrisoria e inmoral de todas: “Es Dios, puede hacer lo que quiera”.  Como el propósito de Dios era intimidar y doblegar al Faraón y su pueblo desde el principio, por el hecho de ser Dios no hay nada qué cuestionar.  ¿Cómo mejora esto la situación?  ¿Se dan cuenta los creyentes que, al tratar de defender a un tirano omnipotente, solamente se exponen como auténticos cobardes e idiotas morales?  ¿Qué clase de mente podrida justifica esto y actos como la décima plaga, en donde Dios mata a todos los primogénitos de Egipto, incluyendo niños?  Bien, pues dejo un ejemplo aquí.
    Después de la décima plaga (y que Dios dejara de intervenir), el Faraón accedió a dejar a los israelitas salir de Egipto. Excepto que, cuando ya casi salían, de nuevo Dios manipuló al Faraón (capítulo 14) para que los persiguiera hasta el Mar Rojo y entonces Él pudiera destruir al Faraón y su ejército.

Parte II: Los Mandamientos y Otras Curiosidades


Después de merodear por el desierto un tiempo, finalmente los israelitas llegaron al pie del Monte Sinaí.  Una vez ahí, Dios llamó a Moisés para darle instrucciones en lo que los demás esperaban, y es en esta ocasión que le delegó la tarea de comunicarle a sus correligionarios los Diez Mandamientos (capítulo 20), entre otras muchas instrucciones.  Palabras más, palabras menos, dicen algo así:
1.  No tendrás dioses ajenos delante de mí. Qué tiene que ver esto con la ética o la moral, me elude.  Sin embargo, queda claro que Dios está consciente de que hay otros dioses (los de los egipcios, por ejemplo) y, ya sea que dichos dioses sean reales o no, no soporta la idea de que los humanos puedan venerar a ningún otro.  Como Dios mismo dice más delante, es un dios celoso (después de todo, hizo de ello su primer mandamiento).
    Por cierto y a propósito de otros dioses, en el capítulo 7 Moisés intenta impresionar al Faraón mostrándole milagros que Dios le dio el poder de hacer.  Sin embargo, los hechiceros del Faraón logran reproducir los milagros en un breve duelo que tienen con Moisés.  Al parecer, Dios no era el único que podía hacer proezas sobrenaturales en aquel tiempo.
2. No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás ante ninguna imagen, ni las honrarás; porque yo soy Yahveh Dios, fuerte, celoso, que castigo la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. El mandamiento incómodo para el catolicismo.  Curiosamente, se distingue que hay más de una instrucción en este fragmento: primero está la prohibición sobre las imágenes del cielo, subsuelo y mar, y luego está la de los ídolos.  Además se nos recuerda, por si había duda, que Dios es celoso y castiga hasta los tataranietos por las ofensas de uno (¿Cómo es esto justo o virtuoso en alguna manera?  ¿En qué ayuda a la humanidad no hacer estas imágenes?).
3.  No tomarás el nombre de Yahveh tu Dios en vano; porque no dará por inocente Yahveh al que tomare su nombre en vano. ¿Y qué significa esto?  Cuando alguien dice “sabrá Dios…”, realmente es una manera de decir “nadie sabe”.  ¿Es esto un pecado?  Cuando un terrorista suicida grita “Dios es grande” antes de inmolarse, ¿le está haciendo honor al nombre de Dios, o lo está usando en vano?  Al igual que los dos anteriores, este mandamiento no tiene nada qué ver con ética.
4.  Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Yahveh tu Dios; no hagas en él obra alguna tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Yahveh los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Yahveh bendijo el día de reposo y lo santificó. Nuevamente, no se hace ninguna referencia a cómo esto es bueno o malo, aparte de que Dios dice y ya.  Es sumamente revelador que la gramática del mandamiento indica a quiénes va dirigido: hombres que tienen propiedades.  Junto con el décimo, éste mandamiento es evidencia plena no solo de que es un invento humano, sino de varones. ¿Y por qué no simplemente decretar que un trabajador merece un descanso cada seis días? ¿Acaso solamente es importante el descanso para emular a Dios?
5.  Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Yahveh tu Dios te da. ¿Qué hay de honrarlos porque eso en sí es un buen acto?  Interesante, que se dé una orden y luego un incentivo para cumplirla que no tiene nada que ver.  Si acaso fueran los padres los que dieran la tierra, entonces tendría más sentido.  Por cierto, ¿dónde está el mandamiento de nunca lastimar a los hijos?
6.  No matarás. Poco qué comentar aquí, aparte de que es quizá el mandamiento menos original y más violado de toda la Biblia, usualmente por el mismo Yahvé.  Además, existen versiones de que la versión original dice “No asesinarás”, que no es lo mismo.
7.  No cometerás adulterio. Nuevamente poco novedoso, dado el contexto de la época (va ligado al décimo, como veremos).
8.  No robarás. Mismo comentario que los dos anteriores.  Irónico, dado el tema de prácticamente todo el Viejo Testamento: robar la tierra a quienes tienen la mala fortuna de estar en ella cuando Dios se la prometió a los judíos.
9.  No rendirás falso testimonio contra tu prójimo. Quizá el único mandamiento que vale la pena loar como algo bueno, original y virtuoso.
10.  No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.  Por si no había quedado claro antes, estamos ante una sociedad en la que las mujeres eran consideradas objetos propiedad de los hombres, equivalentes a sus esclavos, su ganado y propiedad material.  Quizá sea el más irónico de los mandamientos (entre varios fuertes contendientes), pues lo único que hacen los israelitas en los primeros libros de la Biblia es, precisamente, codiciar las tierras de los otros pueblos, así como sus ganados y mujeres—eso sí, siempre auspiciados por Dios. 
    Además, en este mandamiento estamos ante una instancia de querer controlar los pensamientos de las personas: ni siquiera hay libertad en la privacidad de la mente.  Por si fuera poco, prohíbe un instinto natural a la humanidad, por lo que es inhumano pedir que se reprima (sobre todo si no llega a ninguna acción que lastime a alguien).  También hay quienes lo relacionan a la supresión del deseo de los pobres a tener las cosas de los ricos.
    Antes de hacer mayor análisis de estas instrucciones, vale la pena recomendar las discusiones que hace Christopher Hitchens sobre este tema: aquí y acá.  Además, también cabe mencionar que dicho decálogo aparece más de una vez, con diferencias a veces sutiles y a veces no tanto, en más de una ocasión en la Biblia.
    Por si fuera poco, los católicos suelen modificar esta lista y derogan y sustituyen el mandamiento de las imágenes, poniendo en su lugar algo así como “No consentirás pensamientos ni deseos impuros” (nuevamente, un intento de castigar los pensamientos de las personas).  Inclusive la nota al pie en la edición que poseo, aprobada por la Iglesia Católica, menciona que este mandamiento era “para los primitivos, no para las generaciones actuales ilustradas”.  Me parece sumamente interesante cómo, cuando algo es incómodo en la Biblia, los supuestos “intérpretes” se las arreglan para, entonces sí, reconocerlo como primitivo y decidir que no se deba tomar en cuenta.  ¿Qué pasaría si dijera uno que la Resurrección de Cristo fue un hecho exagerado por los narradores, tan solo un delirio primitivo de la época?

*   *   *

Justamente en el capítulo siguiente al de los mandamientos, Dios le dio a Moisés toda una letanía de instrucciones que se supone son leyes de convivencia.  Éstas consisten principalmente en las normas para golpear a los esclavos y apedrear animales que se han portado mal.  Por ejemplo, el verso 20 del capítulo 21:
“El que golpee con un palo a su esclavo y éste muera, comete un crimen.  Si sobrevive un día o dos, no se le castigará, porque es propiedad suya.” (Menos mal.)
Todavía en el capítulo siguiente se dan más instrucciones:
“No tolerarás hechiceros.”  (22:18.  Mandamiento que costó miles de vidas durante siglos, y aun tiene un gran costo en sociedades africanas.)
Los mandamientos que se dan pueden tener, a veces, tremenda especificidad e inutilidad, salvo quizá para los pastores de ovejas nómadas de la Edad de Bronce en Palestina:
“No cocerás el cabrito en la leche de su madre.” (23:19.)
Ahora vale la pena un comentario acerca de los mandamientos en general, y en particular las instrucciones específicas que les siguen.  Para empezar, hay que señalar que poco tienen de moral o ético estas diversas instrucciones; más bien parecen ser diseñadas, en su mayoría, para cumplir con los caprichos de Yahvé.  Sin embargo, revelan algo importante: no contienen nada, en lo absoluto, que no se le pudiera haber ocurrido a un típico, primitivo pastor de ovejas del desierto palestino.  Para ser un dios, Yahvé parece actuar tal como uno de ellos.  Es como si alguien hubiera elegido a uno de estos primitivos pastores nómadas y lo hubiera hecho omnipotente.
    Si Dios es la fuente de moral absoluta, como dicen sus fans, ¿cómo es que aprueba de la esclavitud?  Aquí, los apologistas e “intérpretes” suelen recurrir al supuesto contexto de la época y nos dicen que, si la esclavitud era normal para los pobladores, entonces Dios les hablaba en términos que pudieran entender.
    Pero vimos unos capítulos antes que, cuando Dios se lo propone, tiene maneras de convencer a las personas de hacer lo que Él dice—si no, pregúntenle al Faraón.  No creo que estuviera más allá del Supremo, Perfecto, Omnipotente, Omnisciente, Omnibenevolente Señor Dios Creador del Universo decir algo así como:
“Yo soy el Señor tu Dios, no tendrás esclavos ante mí.”
    O quizá:
“No violarás.”
    Ciertamente, entre los mandamientos y la instrucción de no cocer al cabrito en la leche de su madre, podría haber algo bueno y útil para los humanos, tal como:
“No beberás agua que no haya sido hervida antes”.
    ¿Acaso es necesario explicar que esto hubiera sido infinitamente más útil que cualquiera de los supuestos mandamientos?  ¿Cabe alguna duda de que esto está dentro de las posibilidades de un supuesto dios?  ¿Qué tal decretar algo como “te lavarás las manos antes de comer”?
    La cuestión no es el contexto moral de los habitantes de estos relatos, sino la calidad moral del Dios que supuestamente está para hacer el bien y ayudarlos.  Si Dios les dijera que dejaran la esclavitud, seguramente le hubieran hecho caso.  Pero nunca lo hizo.  Por el contrario, la esclavitud, la violación y el genocidio están a punto de ser recomendados por Dios en los libros venideros.  De esto se nos da una premonición en el capítulo 23, versos 20 a 33, en los que Dios da instrucciones a Moisés de entrar a las tierras de los cananeos, amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos, naciones que serán destruidas por Dios y que, según sabemos, no le han hecho ningún daño a los israelitas.

Parte III: Nada mejor qué hacer que adorar


Como Moisés se estaba tardando (pasó cuarenta días y noches conversando con Dios) los israelitas se impacientaron.  Juntaron todas su alhajas de oro, las fundieron, e hicieron un becerro de oro para ponerse a adorarlo.
    Cuando Moisés bajó del Monte Sinaí y los descubrió idolatrando al becerro, los mandó matarse entre ellos (dice el relato que murieron tres mil). Entonces destruyó el becerro y, en su ira, también destruyó las tablas en las que Dios había inscrito los mandamientos que le acababa de dar.
    Después de esto, Dios renovó su alianza con los israelitas ("aquí no pasó nada") y prometió destruir a los otros pueblos que estaban, por mala suerte, en las tierras que Él les prometió.  Casualmente, se nos volvió a recordar (34:26) que no hay que cocer al cabrito en la leche de su madre.  Moisés volvió a pasar otros cuarenta días y noches en el monte (durante los cuales se nos dice que no comió ni bebió nada) e hizo tablas nuevas.
    ¿Acaso no tienen nada mejor qué hacer los israelitas que ser lacayos de alguien en todo momento?  ¿De dónde viene este deseo de adorar algo a toda costa?  Ciertamente, está presente hoy en día pero no en todo mundo (yo nunca lo he tenido, y no soy el único).
    ¿Y qué hay del mandamiento de no matar?  ¿O acaso una vez que se rompió el segundo mandamiento está justificado castigar al infractor con la muerte?  ¿Y cómo es que Dios no está al tanto de lo que están haciendo los primitivos israelitas mientras conversa con Moisés?  Si está en todos lados, ciertamente es sumamente negligente.
    El libro concluye con unos tediosísimos capítulos acerca de cómo construyeron los israelitas el Arca del Testamento, el Tabernáculo, el Altar y las ropas sacerdotales de Moisés y su hermano, Aarón.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Sobre la Propaganda “Pro Vida”

Conducía por las calles de la bonita pero mocha ciudad de Guadalajara, en una de las colonias mejor acomodadas, cuando un joven se acercó a darme un volante.  El chavo tenía aspecto de preparatoriano, delgado, de piel clara, ojos claros y cabello castaño (información que más delante será importante).  El volante que me entregó parecía haberlo recortado él mismo con tijeras a partir de una fotocopia, y lo reproduzco a continuación, sin edición ni modificación alguna:

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Ciertamente, aunque he explorado algunas de las falacias, contradicciones, hipocresías y simples mentiras del movimiento pro vida, no he hecho un artículo específicamente de ello, enumerando y discutiendo todos los argumentos a favor y en contra del aborto; no pienso hacerlo aquí, pero sí creo que vale la pena discutir lo que vemos en este volante por lo menos.  Pueden encontrar otros artículos que he escrito acerca del tema aquí y acá.

Primero, para ser exactos y exigentes, vale la pena mencionar que los bebés, tales como el que se muestra en la imagen, sí están completamente protegidos por la ley, dado que su muerte intencional  (suponemos que es a lo que se refiere el volante) sería un delito.  Por qué poner la foto de un bebé y no la de un cigoto, embrión o feto es algo que solo puedo especular, pero probablemente sería porque los del movimiento pro vida no ven la diferencia.  Esto es un misterio para mí, ya que supongo que si pueden entender por qué una semilla no es un árbol, podrían entender por qué un bebé no es lo mismo que un feto, embrión o cigoto.  Quizá los esté sobreestimando, o quizá tienen acceso a información o entendimiento que yo no.

Segundo, vale la pena señalar la cruz en el centro de la propaganda, que delata por completo el razonamiento—o falta de—tras la misma.  Aquí planteo algo que todo mundo sabe pero no se atreve a decir: no existen argumentos racionales, ni mucho menos evidencia, para prohibir el aborto.  Tal cual.  Conozco personas inteligentes, morales y capaces que lo han intentado valientemente, pero fracasan como fracasaría el mismísimo Einstein si se propusiera argumentar que la tierra es plana.  Simplemente no se puede porque parten de premisas que no son ciertas.  De ahí que sea necesario darle “validez” a la posición pro-vida a través de la religión, todavía respetada en la sociedad mojigata y retrógrada que es la del Bajío mexicano.

Además, para este punto, vale la pena mencionar que tenemos separación entre la Iglesia y Estado en nuestro México (ver el artículo 130 de la Constitución), razón por la cual todo el argumento pro vida quedaría invalidado jurídicamente desde su concepción si abogados y jueces con pelotas siguieran la ley.

Tercero, la leyenda “A favor de la vida” es deshonesta: los espermatozoides y los óvulos están, técnicamente, tan vivos como el feto al que dan pie semanas después.  Cada eyaculación y cada menstruación son sinónimos de la muerte de seres vivos.  ¿Abogan por prohibir esto los mochos pro vida?  Por supuesto que no; cambian su discurso para decir “Bueno, realmente a lo que nos referimos es a la vida a partir de la concepción”.  Entonces podemos preguntar qué hay de la vida de la mujer: puede morir por hacerse un aborto clandestinamente, o pasar 20 años en la cárcel, o quedar sola y pobre en la calle con un bebé qué alimentar.  ¿Su vida no vale nada?  ¿Es ella dispensable?  Aunque los opositores al aborto legal hagan concesiones en estos puntos, a fin de cuentas se siguen identificando a sí mismos como “a favor de la vida”.  Además, la etiqueta tiene otra implicación adicional: que sus opositores no están a favor de la vida, lo cuál no puede ser más falso.

Por último, el punto con el que empecé: el joven de aspecto de niño bueno y acomodado que repartió la propaganda en primer lugar.  Como detalle, basta analizar la redacción del texto en el volante para detectar que no es precisamente un erudito de la lengua quien lo haya escrito.  Digo, yo no soy Octavio Paz, pero puedo acentuar palabras y redactar de manera más o menos competente.  Segundo, y a propósito de las “altas” clases socioeconómicas separadas de la realidad en nuestro país, este joven probablemente no tenga la menor idea de lo que es ser una mujer joven y pobre en México.  Obviamente, en su condición de varón se encuentra ya de por sí en desventaja.  Sus papás se encargarían, en caso necesario, de mandar a su hermana o prima embarazada “de vacaciones” a Houston por unos días a que le practiquen su aborto seguro allá; tal opción es imposible para la gran mayoría de las mexicanas hoy.

Como decía el recién fallecido Christopher Hitchens, héroe intelectual de nuestros tiempos, se conoce ya la cura para la pobreza. Se ha probado una y otra vez y es lo único que funciona: la liberación y empoderamiento de las mujeres.  Si podemos lograr que las mujeres quieran de sí mismas algo más que ser una incubadora de fieles para la iglesia, y si les damos los medios accesibles para que lo logren, podremos tener un país—y un mundo entero—mejor y más preparado para resolver los grandes problemas a los que nos enfrentamos como sociedad y especie.  Cabe mencionar que no hay religión—hasta ahora—que no se oponga a esta propuesta.



miércoles, 12 de octubre de 2011

Del Activismo Ateo y la Separación Iglesia-Estado

Una de las preguntas más frecuentes que enfrenta un ateo activo es: ¿por qué pasar tanto tiempo y dedicar tanto esfuerzo a algo en lo que no crees?  ¿No deberían ser los ateos más bien apáticos en cuestiones de religión?

Bien, vale la pena hacer algunas aclaraciones.  Ciertamente, un ateo escéptico no pasa la mayor parte de su tiempo discutiendo la no-existencia de dragones, unicornios, hadas madrinas ni duendes; sin embargo, le suele dedicar bastantes neuronas a la no-existencia de Dios.  Personalmente, no le he dedicado nada de tiempo a una demostración lógica para la no-existencia de las hadas, aunque no dudo que pudiera valer la pena como cuestión didáctica y de gimnasia mental.  ¿Por qué, entonces, dedico tanto tiempo de cómputo en mi cerebro a Dios, si tampoco existe?

La respuesta es relativamente sencilla: los que sí creen en Dios están empeñados en jodernos la vida a todos por ello.  Así de simple.  Los problemas que enfrentan nuestras sociedades son, sin excepción, complicados por creyentes de algún tipo u otro.  En vez de dedicarnos a resolver los grandes problemas que enfrentamos como país y como especie—tales como el calentamiento global, el tamaño y rol adecuado de los gobiernos, la investigación científica, entre otros—estamos perdiendo valioso tiempo y recursos legales en decidir si el cuerpo de las mujeres realmente es suyo, o si los homosexuales realmente son personas o no.

Las respuestas a estas preguntas y muchas más ya las tenemos o se encuentran a tan solo algunos pocos años de buena investigación en el futuro.  Sin embargo, la implementación de tales soluciones no puede tomar lugar, dado que un gran sector de la población valora lo que cree por encima de lo que realmente es cierto; esto es lo que hace la religión.  El activista ateo, entonces, se ocupa de darle solución a este problema desde la raíz: demostrar que no es cierto que Dios existe.  Es por ello que tanto esfuerzo es dedicado a un ente en el que no se cree; en realidad, es una lucha por liberar las mentes de quienes son rehenes de esta creencia y que gracias a ella hacen un daño completamente real y tangible en la sociedad.

A un ateo como yo le bastaría que las personas reconozcan la diferencia entre lo que realmente es cierto y lo que creen solo por fe; si los creyentes fueran así, definitivamente no habría la necesidad de escribir estas palabras, ni de hacer demostraciones, ni poner espectaculares en carreteras y autobuses.  ¿Pero puede una persona “olvidar” sus creencias religiosas momentáneamente mientras desempeña un cargo público? ¿Pueden siquiera distinguir la diferencia entre la fe y la razón los servidores públicos?  La experiencia nos dice que no es posible.  Por el lado de los gobernados, los fieles rara vez se contentan con mantener sus creencias en casa tampoco; cuanto más ferviente es su creencia, más es su necesidad de hacer proselitismo e inclusive cabildeo legislativo.  Dada la imposibilidad de separar la fe de otras creencias que sí están sustentadas, el ateo no tiene opción más que enfrentarla en su origen.

De hecho, la lucha por la separación entre iglesia y estado es más de cuesta arriba de lo que parece inicialmente.  Aunque la constitución claramente establece que el gobierno deber ser laico, esto fue desde la perspectiva única de la libertad religiosa.  Sin embargo, nunca se tuvo contemplado como objetivo la vida libre de religión, quizá por ser el número de no-creyentes tan minúsculo en tiempos de antaño.  La separación surgió de una cuestión práctica: para que el estado no sea favoritista hacia una religión en particular sobre las demás, se acordó que mejor no tratara con ninguna, más que en maneras muy informales y por debajo del agua.  Además, la legislación de las creencias resultaría en un altísimo grado impráctica, ya que se caería en el absurdo de tener prácticamente una constitución distinta para cada credo.

Sin embargo, nunca se tomó en cuenta la perspectiva atea: no se debe legislar en torno a la fe porque esta no es cierta.  ¡Vaya enfoque tan distinto que sería ese!  El argumento es así:  dado que los servidores públicos tienen que tomar decisiones que afectan las vidas de todos en el mundo real—el que realmente importa a todos—, deberían legislar utilizando solamente conocimiento que se sabe es cierto.  Por lo tanto, creencias que no son respaldadas por evidencia no pueden ser tomadas en cuenta, y las que contienen contradicciones lógicas son descartadas por completo también.  Entonces, en la privacidad de su propia vida, cualquiera tendría derecho a creer cualquier disparate siempre que no afecte a nadie más.  El católico que crea que no deben casarse los homosexuales, por ejemplo, tendría la libertad de creer eso… así como la de no casarse con uno.  Su libertad de culto quedaría intacta (queja irrisoria del clero católico en el México actual), mientras que la libertad de los homosexuales de casarse en el mundo real quedaría respetada también.

¿Hay libertad para estar libres de culto, especialmente el de otras personas?  Definitivamente, la gente en democracia puede creer cualquier imbecilidad que le plazca; sin embargo, el país entero es rehén de los disparates de algunos, bajo el pretexto de la libertad religiosa de estos.  En realidad, la libertad que abogan es la de imponer sus creencias a los demás por medio de la ley—y por ende, por medio de la fuerza.  Es por esto que el activismo a favor del estado laico es tan importante.  El activismo ateo lleva la pelea a un nivel más. Además de recalcar que nadie tiene el derecho de imponer sus creencias medievales a los demás en detrimento de la civilización y progreso, el ateo da un paso más: atacar a las ideas mismas, exponiendo su naturaleza falaz.  Es por esto que el activismo secular, en particular el ateo, tiene una labor importantísima en la sociedad: la depuración de las ideas.



sábado, 1 de octubre de 2011

Hugo Valdemar: De Falacia en Falacia

HUGO-VALDEMAR[1]

Una falacia es un error lógico dentro de un argumento.  Una vez que se ha cometido este error, el resto del argumento queda invalidado hasta que se aclare o resuelva la falacia.  Si bien encontramos ejemplos de falacias en diversas áreas de nuestra vida cotidiana, pocas veces ocurren en más ocasiones que en los discursos y argumentos religiosos.  Como ejemplo de esto, veremos la gran cantidad de falacias que ocurren en una brevísima entrevista a un prelado católico (aunque ciertamente no son—por mucho—los únicos que cometen errores lógicos tan garrafales como los que veremos a continuación).

El padre Hugo Valdemar Romero, vocero de la Arquidiócesis de México, otorgó la siguiente entrevista al programa de noticias en radio Hoy por Hoy el día lunes 26 de septiembre.  En la primer parte, se le pregunta acerca de una iniciativa de ley en el Distrito Federal para que los templos puedan ser sujetos, de ser necesario, a cateos por parte de autoridades policiacas. 

Sin embargo, en lo que quisiera enfocarme es la segunda parte de la entrevista, a partir del minuto 4:50, acerca del aborto.  Como contexto, cabe señalar que esta semana la Suprema Corte de Justicia debatió si los estados tienen facultades para emitir legislación local que prohíba el aborto, como lo hacen ya 17 estados de la república.  A pesar de que siete de los once ministros llegaron a la conclusión de que dichas legislaciones no eran válidas, se requerían ocho votos para echarlas abajo.  El propio vocero Valdemar ya había estado en los reflectores por sus declaraciones en violación del artículo 29 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto, al llamar a los ciudadanos a no votar por el PRD después de que se aprobara la despenalización del aborto en el DF en 2007. 

En esta conversación, dos días antes de la decisión, el Sr. Valdemar deja en evidencia la lógica fallida (o nula) de la posición antiaborto.  Prácticamente la totalidad de la conversación queda resumida en los siguientes puntos que analizo uno por uno a continuación, y que pueden escuchar aquí mismo:

(Proviene de la página de WRadio: http://www.wradio.com.mx/oir.aspx?id=1552899, recurso que recomiendo consultar ampliamente).

“En contra de la mayoría se hizo una legislación…”

En esto el padre tiene razón, pero para nada es esto un punto a su favor.  Comete la trivial falacia por mayoría, en la que supone que, si una mayoría de la población tiene cierta percepción, entonces debe ser cierta.  Sin embargo, la cantidad de personas que respalden una posición no afecta el que esta sea correcta o no.  Gracias a que se ignoró la opinión de la mayoría, en Estados Unidos se pudo permitir que personas de distinta raza pudieran casarse desde 1967.  Si la mayoría de las personas son racistas, ¿eso haría correcto al racismo?

“Ir contra la vida… defender la vida”

Todo el punto de legalizar el aborto es, precisamente, defender la vida: la de las mujeres.  Las leyes no tienen gran poder disuasivo; en general, se usan para remover a un individuo de la sociedad para prevenir que repita cierta conducta por un tiempo.  Las mujeres abortan cuando es legal y cuando no, también.  La diferencia está en que, cuando el aborto es ilegal, muchas mujeres mueren en el intento.  De este modo, en términos prácticos, aún si suponemos que los fetos son personas—suposición que considero incorrecta, por cierto—,tenemos que cuando el aborto es ilegal se pierden más vidas, pues además de los no-nacidos mueren mujeres también.  De este modo, legalizar el aborto en realidad tiene el efecto neto de salvar vidas, como ya he argumentado en este espacio con más detalle en otra ocasión.

Por lo tanto, Valdemar cae en una contradicción y además en una representación equivocada de la posición a favor de la decisión de las mujeres: al decir hipócritamente que está a favor de la vida, implica que quienes están en la otra posición no, lo cual es falso.

“Es un falso derecho.  No es un derecho de la mujer a decidir.  Es un derecho a matar a un niño en el vientre de su madre… denigra los valores, a la propia madre…  y destruye a la sociedad”

¡Como si la muerte de mujeres jóvenes y pobres fuera preferible..! O, mejor aún, podemos meter a indígenas inocentes a la cárcel, como aquí.  Claro, esas cosas ni las denigran ni destruyen la sociedad…

Pensemos, para ejemplificar más, en la siguiente situación:

Una aspirante a un programa de doctorado en Europa logra obtener una beca completa a su universidad preferida gracias a años de dedicación y esfuerzo.  Dos meses antes de partir, se encuentra con que está embarazada, a pesar de estar llevando un supuesto “método natural”—considerablemente menos efectivos que los métodos “artificiales”—tal como se lo sugiere la misma Iglesia Católica.  ¿Qué se supone que debe hacer?  ¿Quién decide castigar con cárcel la mala suerte de una personas?  Los sacerdotes violadores de niños tan solo piden perdón y los reubican… ¿por qué a nuestra mujer ejemplar hay que mandarla a la cárcel 30 años, como en el infamísimo estado de Guanajuato?  Por supuesto que se trata del derecho de mujeres a decidir: es su cuerpo, es su vida, son sus creencias (o falta de ellas, no todo mundo es católico) y cada una se encontrará en una situación que le es muy particular.

Hablando de decisiones, ¿quién carajos es un viejito virgen para andar decidiendo acerca de la maternidad de mujeres que ni conoce?

Finalmente para este punto, tenemos otra falacia de representación equivocada: ¿quién dice que un cigoto, embrión o feto es lo mismo que un bebé?  ¿Acaso es lo mismo una semilla que un árbol?  ¿Acaso cada vez que comemos pan integral somos culpables de deforestación?

“No soy médico para discutir situaciones más concretas que son muy específicas, pero hasta donde nosotros hemos entendido…”

Al continuar la entrevista, comienzan a pasar un audio de una activista feminista, que empieza a dar una explicación del punto anterior. Sin embargo, claramente se nota que cortaron el audio cuando apenas iba empezando a explicar por qué un embrión no es lo mismo que una persona.

Al dar su opinión sobre literalmente unos cuantos segundos de la posición contraria a la suya, el vocero se descalifica por completo para dar una opinión… ¡y luego da su opinión!  A continuación comienza a dar una representación incompleta de la posición científica:

“…que un embrión tiene ya todo el mapa genómico y está ya constituido como un ser humano.  El hecho que no sienta—como percibimos nosotros—no quiere decir que no sea un ser humano”

Ciertamente, desde el momento de la fecundación ya se tiene el genoma completo de un ser humano.  Lo que el buen padre muy convenientemente omite es que éste genoma completo lo tiene cualquier célula del cuerpo… Cada vez que nos rascamos, cometemos un holocausto de potenciales seres humanos con genomas completos.  ¡Cada eyaculación sería el asesinato de decenas de miles de personas!

Finalmente, ¿qué hay de los tumores?  Son células humanas con todo el genoma completo también.  ¿Quién aboga por los derechos de los astrocitomas del mundo?

“Todos estos grupos abortistas sabemos que tienen financiamientos internacionales”

Tal parece ser que el buen padre ha caído víctima de la misma paranoia que su infame correligionario, Juan Sandoval Íñiguez, acerca de la conspiración internacional de las grandes corporaciones con las izquierdas para reducir la población mundial a través del aborto, las bodas entre homosexuales y la eutanasia.  Queda demostrado el nulo conocimiento de historia y política del prelado, ya que las grandes corporaciones siempre se han aliado con la derecha política (véase el fascismo o, mejor aún, analícese la situación geopolítica actual de Estados Unidos).  En la historia reciente, basta mencionar las alianzas de la iglesia católica con Nazis y Ustachas durante la Segunda Guerra Mundial para evidenciar el carácter irrisorio de la declaración.

Por cierto, ¿qué tienen de inherentemente malas las organizaciones internacionales?  ¿Son igual de malos Al-Quaeda y Médicos sin Fronteras, o la Cruz Roja, o la Organización Mundial de la Salud?  ¿Y la Iglesia Católica qué es sino una organización internacional que obtiene y provee financiamiento de y para fines diversos?

“[prácticas] que a quien más dañan, son a las propias mujeres”

Ahora resulta que don Valdemar hasta tiene simpatía por mujeres jóvenes y pobres que ni siquiera conoce.  Evidentemente, meterse un gancho de ropa por la vagina y morir desangradas o infectadas es menos dañino; como si las mujeres disfrutaran pasar por tal experiencia y, en caso de sobrevivir, también ir a dar a la cárcel.

“Sabemos que no lo hacen por gusto; que, por desgracia, son a veces obligadas a llegar a esta situación”

¡Quizá la frase más irónicamente falaz de toda la entrevista!  Los mismos que condenan la dificilísima decisión que toman algunas mujeres acerca de su propia vida y cuerpo, también son los que obstaculizan el acceso a los métodos anticonceptivos y la educación que harían del aborto una rareza médica en vez de una triste necesidad de la sociedad.

“Muchas de ellas[feministas], por cierto, no son madres.  No saben lo que significa esto”

Ya hacía falta la clásica falacia del ataque ad hominem: aunque fuera cierto que las feministas no son madres—lo cual es una auténtica burrada—, nada tiene que ver con lo correcto de los argumentos de éstas.  Además, ¿a cuántas feministas ha entrevistado este tipo?  ¿Qué sondeos ha visto?  Comete entonces una falacia de generalización apresurada, aunada a otra de asociación, en la que se supone que si algunas feministas no tienen hijos, entonces ningunas los tienen.

“Es un drama terrible el que viven, y el sufrimiento es de por vida.  Es un aspecto que no se considera”

Nuevamente supone que morir, quedar solas en la calle con un niño o estar en la cárcel 30 años es mejor que abortar.  Obviamente el sufrimiento es de por vida; de hecho, es uno de los aspectos principales que se toman en cuenta para despenalizar el aborto: ¿qué gana la sociedad encarcelando a mujeres jóvenes y pobres que ya de por sí se castigaron a sí mismas con la acción que tomaron?  ¿Qué aprenderán en la cárcel que no aprenderían de la propia experiencia?  ¿Qué incentivo tienen para volverlo a hacer?

Para concluir, hay que mencionar que la falacia más grande de todas es la entrevista en sí: ¿quiénes son los ministros de culto para considerar que están dando una opinión informada acerca de algo que no se trata de culto?  Una cosa es que tengan cierto interés en un resultado determinado de la discusión, y otra distinta es que realmente sepan acerca de ella.  Tienen creencias al respecto, ¿pero qué es lo que realmente saben estas personas?  ¿Qué estudios han conducido?  ¿Qué experimentos han llevado a cabo, y cuál ha sido su metodología?

No suspendemos una clase de matemáticas para darle oportunidad a un numerólogo de dar su punto de vista.  Tampoco llevamos a un chamán a dar clases a los alumnos de medicina, ni a un astrólogo a explicarnos cuestiones de astronomía.  ¿Qué sabe un teólogo de embriología, antropología física, bioquímica o genética?



domingo, 24 de julio de 2011

Separación Iglesia-Estado Violentada… Una Vez Más

Ya de por sí es un secreto a voces que el gobernador de facto en el estado de Jalisco es el cardenal Juan Sandoval Íñiguez.  Éste ser nefasto ha tenido de rehén al estado desde la muerte de su antecesor, Juan Posadas Ocampo, en 1993.  Desde entonces, Sandoval pasó a tener influencia en la política del estado, llegando inclusive a decidir cuáles marchas y manifestaciones se aprobaban y cuáles no, así como a promover iniciativas contra el aborto y las uniones homosexuales.  Un brevísimo recuento de su manera de pensar (y una investigación por lavado de dinero) lo pueden encontrar aquí.  Actualmente, tiene como lacayo al igualmente retrógrada Emilio González Márquez, gobernador del estado.

Sin embargo, la intromisión del funesto personaje llega más allá de lo que ya se sospechaba: de acuerdo con los últimos cables diplomáticos divulgados por Wikileaks, el cardenal pidió al gobierno de George Bush que interviniera para impedir el triunfo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en las elecciones presidenciales de 2006.  Adicionalmente, advirtió que la creciente tendencia hacia la izquierda en América Latina era un peligro y debía ser frenada mediante la intervención de Estados Unidos.  La petición se dio cuando se encontró en el Vaticano en una reunión con el embajador estadounidense, Francis Rooney.  De paso, le pidió una contribución económica para sacar adelante el estancado proyecto del Santuario de los Mártires en Guadalajara.  El cable diplomático (en inglés) lo pueden encontrar aquí.

Al enterarse de la filtración del cable, Sandoval optó por fingir demencia y negar lo sucedido, aunque sí admitió haberse reunido con Rooney.  Supuestamente, ni él ni el cardenal Claudio Hummes (brasileño), también presente en la junta, mencionaron nada acerca de AMLO ni la ola de gobiernos de izquierda que se mencionan en el cable.

Cuánto más tendrá la sociedad tener que soportar a éste individuo, solo el Papa lo sabe, ya que su sucesión es inminente… desde hace más de tres años.  Sandoval renunció a su cargo desde entonces, pero Herr Ratzinger lo ha mantenido en su lugar… ¿por qué será?  Lo cierto es que hay un amplio sector de la sociedad Jalisciense que aborrece al tipo y ya no puede esperar a que sea sucedido.  ¿Y si la Iglesia fuera democrática?  Mejor ni empecemos por ahí…



lunes, 4 de julio de 2011

Cobrar Impuestos a la Iglesia es lo Correcto

¿Por qué reciben las iglesias una exención de pagar impuestos, cuando el resto de la población debe arreglárselas para cumplir?  Supuestamente, las iglesias son instituciones sin fines de lucro que contribuyen a la sociedad; adicionalmente, la separación Iglesia-Estado se extiende a los impuestos para evitar el favoritismo en los cobros (o exenciones) de impuestos entre distintas agrupaciones.  Sin embargo, considero que ambas de estas condiciones no se cumplen, particularmente en lo que se refiere a la Iglesia Católica, a la que pertenecen—todavía—88% de lo mexicanos.

El Costo Social de la Iglesia Católica

Lejos de aportar positivamente a la sociedad mexicana, la Iglesia Católica ha provocado daños y atrasos sociales en diversas áreas.  Tan sólo considerar dichos atropellos bastaría para justificar, si no el cobro de impuestos, sí el de cuantiosas indemnizaciones y reparaciones:

  • Millones de mexicanos no pueden casarse con quien aman, debido a la descarada homofobia promovida desde el púlpito a las masas y en privado a servidores públicos, en plena violación del estado laico.  Además de que no existe evidencia de que sea perjudicial en sí la homosexualidad, no existe un sólo argumento en su contra  que no tenga raíces religiosas.  La influencia de la iglesia se traduce en que millones de mexicanos tienen que vivir como ciudadanos de segunda, sin posibilidad de heredar bienes a su ser amado, contratar un crédito hipotecario en pareja, visitarse en el hospital, acceder a seguro social y muchas otras ventajas prácticas que ofrece la figura legal del matrimonio.
  • La desinformación en materia de educación sexual es quizá el mayor daño que ha hecho la iglesia, pues resulta en embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.  Por si no fuera suficiente, estos problemas se esparcen principalmente entre la población joven, dejando a una generación completa marcada de por vida.  La Iglesia disemina temor en la población acerca de la efectividad y seguridad de los distintos métodos—ambas comprobadas desde hace décadas en todo el mundo—a la vez que promueve métodos “naturales” que no hacen sino tender una trampa a la juventud para que tengan más hijos al costo que sea.
  • Íntimamente relacionado al punto anterior está la condena de la iglesia a toda salud reproductiva de las mujeres, especialmente el aborto y la esterilización.  A pesar de engañar con cizaña a la población femenina para que se embarace cuantas veces sea posible, le niegan la posibilidad de corregir el error y rescatar su vida.  Las miles de mujeres jóvenes y pobres que mueren cada año por abortos a causa de embarazos no deseados son, además, criminalizadas y estigmatizadas por las mismas personas que provocaron dichos embarazos en primer lugar.
  • Por si fuera poco, en muchos casos los jóvenes que tienen actividad sexual sin educación contraen enfermedades que fácilmente se podrían evitar con el simple uso del condón.  Si bien el problema de contagios de VIH en México no es tan grande como en África, basta un solo caso atribuible a la doctrina retrógrada de la Iglesia para condenarla.
  • Finalmente, el encubrimiento intencional y sistemático de pederastas es una bofetada para toda la población.  La Iglesia insiste en “manejar” la situación de manera interna, reubicando a sacerdotes abusivos de niños en nuevas parroquias a la vez que intimidan a las víctimas para que callen.  No contentos con la situación, además le echan la culpa a los homosexuales.

Con el cobro de impuestos a la opulenta Iglesia Católica bastaría y sobraría para cubrir los daños anteriores en modos prácticos: podemos calcular, exactamente, cuántos condones, antirretrovirales, abortos, matrimonios y hasta años de cárcel cuesta la Iglesia cada año.  Después de todo, la Iglesia está recibiendo un ingreso y, a pesar de los bienes que hace, éstos quedan opacados por el grandísimo costo social que genera en la población.  Otras instituciones sin fines de lucro pueden ser caritativas y serviciales a la población sin el daño colateral que produce la Iglesia Católica.  Además, participa activamente en la vida política del país, instruyendo a los ciudadanos por quién votar y por quién no; cuenta, de facto, con su propio partido político—el PAN—desde donde ejerce control sobre todos los habitantes que gobierna—incluyendo a los de otras religiones y ateos.  Lo justo, lo moral, lo ético, es que que—por lo menos—pague el daño social que provoca.