domingo, 18 de diciembre de 2011

La Lectura Crítica de Génesis

Como mencioné en el artículo anterior, la lectura crítica de la Biblia es de suma importancia, ya que los creyentes la consideran parte de sus razones para creer, así como una representación fiel de la naturaleza y carácter de Dios.  La lectura de la Biblia tiene que ser, sobre todo para el lector ateo, emprendida con la mayor crítica posible: supuestamente, éste es el mejor libro de la historia, pues fue inspirado—si no es que dictado palabra por palabra—por el mismísimo creador del universo.

La Creación y el Edén

miguelangel3la-creacion-de-adan[1] Si bien es imposible determinar con exactitud quién escribió Génesis, parece haber cierto consenso en torno a que el autor original pudo ser Moisés.  Contrario a lo que algunos saben—o creen saber—el texto contiene dos historias de la creación, que difieren entre sí en algunos detalles. Sin embargo, estos detalles son de gran importancia: recordemos que se supone que este es el mejor libro jamás escrito.  Entonces, cuando en una de las historias se mencionan seis días de creación y en la otra no, y en una Dios hace a Adán y Eva de un plumazo mientras que en la otra los hace a partir de la tierra y luego una costilla, preguntar cuál es el relato exacto no es meramente ocioso.

Adicionalmente, la historia de la creación y la expulsión de Adán y Eva está plagada de errores lógicos que no dejan a Dios muy bien parado.  Aquí algunos:

  • El primer día, Dios crea la luz.  Hasta el cuarto día, Dios crea el Sol, la Luna y las estrellas.  ¿Por qué no crearlos el primer día, y ahorrarse la creación de la luz? ¿Acaso no sabe Dios de donde viene la luz?  Metafórico el relato o no, seguramente podría ser más lógico.
  • Después de comer la manzana, Adán y Eva se esconden de Dios… y por un tiempo éste no los encuentra.  ¿Qué no era omnipotente? ¿Cómo es que no puede verlos?
  • Después de repartir sendos castigos a Adán y Eva por atreverse a querer distinguir entre el bien y el mal (qué tiene esto de malo, lo ignoro), Dios decide castigar a la serpiente haciéndola arrastrarse por el resto de sus días.  ¿Cómo es esto un castigo para una serpiente?  ¿Antes de eso lo normal era que volara?
  • Finalmente, ¿quién puso el árbol del bien y el mal ahí para empezar?  ¿Acaso Dios no sabía que lo iban a desobedecer?  ¿Para qué puso a la serpiente parlante?  Siendo tan grande la tierra para dos personas, ¿por qué no escondió el árbol en otro lado donde no lo encontraran tan fácilmente?  ¿Para qué crear el árbol en primer lugar?

Después de la expulsión del Edén, Adán tiene como hijos a Caín y Abel.  Después de que Caín mata a Abel porque a Dios le gustó más su ofrenda, nuevamente Dios no sabe qué pasó.  Hasta le pregunta a Caín dónde está su hermano; ya que lo encuentra, le pregunta a Caín quién lo mató…

Una vez que Caín es desterrado por Dios en castigo por matar a su hermano, el relato dice que ‘tuvo contacto con su mujer’.  ¿Y de dónde salió la mujer de Caín?  ¿También es hija de Adán, o Dios se la hizo aparte?

Mientras tanto, Adán tiene otro hijo, Set, a la edad de 130 años.  De ahí en delante se nos lleva por una cadena genealógica incestuosa desde los hijos de Set y sus descendientes, hasta que llegamos a Noé ocho generaciones más delante. Se nos dice que el que murió más joven de estos intermediarios, Lamec, murió a la edad de 777.  El propio Adán murió a los 900 años, mientras que Matusalén murió a los 969.

Aquí vale la pena hacer un paréntesis acerca de la supuesta interpretación del texto.  Obviamente, casi nadie cree que literalmente hayan vivido tanto tiempo estos personajes.  La reacción usual es decir que ‘es una metáfora para decir que vivieron mucho tiempo’, o quizá que ‘en aquel entonces medían el paso del tiempo de manera distinta’.  Pero detengámonos un momento: lo mismo dicen de los 6 días de la creación.  ¿Entonces, los días representan más tiempo, mientras que los años representan menos?  ¿Quién determina los criterios de interpretación del tiempo bíblico?  ¿No pudo Dios ser más consistente y específico?

Por otro lado, si se toma como que literalmente era usual que las personas vivieran hasta 900 años en tiempos bíblicos, tenemos un problema mucho mayor: sabemos que eso no es cierto.  Una vez que Noé tuvo a sus tres hijos (a sus 500 años de edad), Dios decreta, sin dar más explicaciones, que de ahí en delante las personas ya no vivirán más de 120 años.  Esto todavía es 40 años más que lo que se vive inclusive hoy en día, lo cuál no tiene sentido porque hoy estamos en el mejor momento de nuestra historia en cuanto a esperanza de vida.  Dios tendría que dar explicaciones en cuanto a cómo es que se nos redujo la esperanza de vida tan drásticamente en cuanto se nos ocurrió ponernos a contar los años más precisamente.

Noé y Sus Hijos

Obviando el ridículo relato del Arca, de todos modos queda mucho qué comentar acerca de Noé y de sus hijos.  Poco después del supuesto diluvio, Noé se emborracha y anda desnudo por su casa.  Cam, uno de sus hijos, lo ve desnudo y alerta a los otros dos hermanos, Sem y Jafet, quienes acuden con su padre y lo visten y lo cuidan.  Al volver a la sobriedad, Noé maldice a hijo de Cam en nombre de Dios, condenándolo a él y a sus descendientes a ser esclavos y sirvientes de los demás.  Lógico o no, esto es sumamente injusto.

Adicionalmente, en el capítulo 10 se nos dice que los hijos de Noé se esparcieron por la tierra según sus lenguas… pero esto es un capítulo antes del supuesto relato de la Torre de Babel, en donde supuestamente se originan los distintos idiomas de la tierra, o por lo menos de la región palestina de aquel entonces.

Abrám ó Abraham

En el capítulo 11 se nos presenta a Abrám, casado con Sarai, quien es estéril.  Dios escoge a Abrám sin razón aparente; en ningún momento explica por qué Abrám fue elegido para hacer un pacto con él.

Posteriormente, en el capítulo 14, aparece un personaje llamado Melquisedec quien, se nos dice, es sacerdote. Pero un momento: ¿de qué iglesia? ¿Quién lo ordenó? ¿Era algo así como un chamán de la época?

Cabe mencionar que los personajes bíblicos tienen todos una obsesión por la procreación: en todo momento, cuando Dios bendice a alguno de ellos, siempre es con numerosa descendencia.  En el caso de Abrám, como su esposa es estéril, ella misma le ofrece a su esclava para que tuviera un hijo con ella, propuesta que acepta Abrám y que da como fruto a Ismael (capítulo 16).

Entonces, en el capítulo 17, sin más explicación, Dios sella su supuesto nuevo pacto con Abrám, le cambia el nombre a Abraham, y le indica que la señal distintiva de este nuevo pacto será la circuncisión.  Abraham procede a circuncidarse y a circuncidar a todos los varones de su familia.

Finalmente, Dios hace uso de sus poderes mágicos y hace fértil a Sarai, para que le dé a Abraham un hijo, Isaac.

Sodoma y Gomorra

Resulta que Dios estaba descontento con los sodomitas por sus abominables prácticas homosexuales y decide destruir a toda la ciudad.  Antes de esto, en diálogo con Abraham, acuerda salvar la vida de cualquier persona justa que viva en dicha ciudad.  Esta persona resulta ser Lot, a quien Dios manda unos ángeles en forma de personas a advertirle que la ciudad está por ser destruida.  Al enterarse que Lot tiene visitantes, los sodomitas quieren conocerlos para—qué más—sodomizarlos.  Ante esto, el noble Lot decide ofrecerle a la chusma afuera de su casa sus dos hijas vírgenes a cambio de que no sodomicen a sus visitantes.  Afortunadamente para todos, los ángeles usan sus poderes mágicos para cegar a los sodomitas, a tiempo para que Lot pueda escapar de la ciudad, que es prontamente destruida por una lluvia de azufre incandescente desde los cielos.  Su esposa, por mirar hacia atrás, es convertida en sal.  Dios destruye a Gomorra también.  Una vez logrado su escape, las hijas de Lot, en su desesperada obsesión por tener hijos (nada es más importante para los peones bíblicos que protagonizan estas historias), lo emborrachan y cada una se acuesta con él, quedando preñadas las dos.

¿Por dónde empezar?  Ciertamente, la elección de Lot como el que valía la pena rescatar de la destrucción deja mucho qué desear.  ¿Qué clase de hombre ofrece a sus hijas a cambio de extraños?  Ciertamente, en la Palestina de la Edad de Bronce pudiera ser algo usual, pero el Supremo y Perfecto Señor Dios Creador del Universo es mejor que eso, ¿no?  ¿O tiene solo la moral de un Palestino de la Edad de Bronce?

Finalmente, la familia de Lot, supuestamente tan virtuosa, resulta ser incestuosa y no puede resistir a la tendencia de la época de procrear.

Abraham e Isaac

En el capítulo 22 ocurre uno de los relatos más conocidos de la Biblia, el el que Dios pide a Abraham que sacrifique a su único hijo (hasta ese momento), Isaac, como si fuera solo una oveja más.  En el último momento, justo antes de que Abraham mate a su hijo—atado como si fuera un animal—Dios manda a un ángel a detener la acción y darle a Abraham un cordero para que lo mate en vez de Isaac.  Se nos dice que todo era una prueba para determinar la fidelidad de Abraham a Dios.

Comúnmente este relato es interpretado en el sentido de que Abraham fue un hombre virtuoso, dispuesto a hacer lo que fuera por Dios, y éste a su vez lo recompensó perdonando la vida de su hijo.  Sin embargo, hay algo importante a considerar:

No importa si Dios tuvo la intención o no de que Abraham matara a su propio hijo; el acto mismo de siquiera pedirle a alguien que mate a su hijo es inmoral.  Si cualquiera pide a alguien matar por capricho a su propio hijo, la respuesta correcta—siempre—es “no”.  El acto mismo de pedir dicho sacrificio de alguien—sobre todo de alguien sobre quien se tiene ventaja—es un acto inmoral y cobarde.  ¿No puede Dios hacerlo él mismo?  ¿Por qué recompensa Dios la obediencia a órdenes inmorales?  ¿No había alguna persona mejor que Abraham, que hiciera lo correcto y se le opusiera?  ¿Cómo hubiera reaccionado el primitivo Dios judío si una persona más moral que él se negara a obedecer sus órdenes inmorales?

Para los que abogan por la misericordia de Dios, vale la pena revisar el episodio de Jefté, en el libro de Jueces, capítulo 11.  En dicho pasaje, Jefté ofrece a su hija a cambio de una victoria en la batalla; al volver victorioso, la sacrifica a Dios y éste no hace nada para detenerlo.

De Isaac en Adelante

Curiosamente, a partir de este punto la participación de Dios en el libro de Génesis disminuye considerablemente.  Los siguientes capítulos tratan de la vida de los descendientes de Isaac e Ismael (también hijo de Abraham, pero lo tuvo con una esclava de su esposa cuando ella era estéril).  Entre una larga cadena de relaciones sexuales entre todos y sus hermanas (literalmente), hay algunos pasajes que despiertan la curiosidad de cualquier persona pensante:

  • Capítulo 29: Jacob se casa con dos hermanas, Lía y Raquel.  Aunque tuvo varios hijos con Lía, realmente quería más a Raquel, que además era estéril.  Entonces Raquel le dio a Jacob su esclava para que pudiera tener hijos con ella.  Celosa y para no quedarse atrás, Lía le da a Jacob a su esclava también para que tuviera hijos con ella.  Finalmente, Dios hace fértil a Raquel también y tiene hijos Jacob con ella.  ¿Es Jacob un tipo afortunado, o qué?
  • Capítulo 34: Dina, hija de Jacob, es violada por uno de los heveos.   La razón: pues es que él estaba muy enamorado de ella y no se aguantó.  En compensación, ofrece a la familia de la joven casarse con ella.  La familia, curiosamente, estaba molesta no porque una de sus hijas fuese violada (al cabo se casa y ya), sino porque fue violada por un hombre sin circuncisión… Entonces el violador ofrece que él y toda su tribu se harían dicho ritual.  Al tercer día de su convalecencia, los familiares de Dina los matan de todos modos.  Cabe mencionar que la opinión de Dina de todo esto nunca es consultado.
  • Capítulo 35: Dios mata a Onán por eyacular en el piso en vez de dentro de su cuñada.  En la anotación al pie de la página, el editor nos dice que su crimen fue “egoísmo”… ¿Y cogerse a la mujer de su hermano, qué?
  • Capítulo 38: Judá embaraza a su nuera, que ya estaba viuda.  Esto es porque la “confundió” con una prostituta.  ¿Cómo pudo suceder dicha confusión? Fácil: es que ella llevaba la cara tapada.  Se dan cuenta de su embarazo tres meses después.

Después de muchas desventuras, los hijos de Israel (antes de nombre Jacob) se convierten en las 12 tribus de Israel.

Génesis logra dejar algo muy claro para los lectores: el contexto cultural de la época en que supuestamente Dios hace su pacto con los hombres.  Cómo fue que escogió al pueblo israelí, qué méritos hicieron y por qué los demás no eran dignos, nunca queda claro en el relato. Claro, los teólogos “sofisticados” ponen todo tipo de pretextos para explicar las pifias e inconsistencias no sólo de Génesis, sino de toda la Biblia.  A fin de cuentas, son solo como los sastres del traje del emperador.  El libro es muy claro: estamos lidiando con primitivos granjeros de ovejas del desierto palestino en la Edad de Bronce, y su dios no es nada mejor que ellos.

     


martes, 1 de noviembre de 2011

Sobre la Importancia de Leer la Biblia Críticamente

Muchas personas ya intuían lo que hace unos pocos meses se comprobó con un estudio: los ateos saben más de religión que los creyentes.  Contrario a lo que pudiera pensarse de manera intuitiva, los ateos son relativamente estudiosos de las religiones, tanto de las que abundan en su cercanía geográfica como las que no.  Ciertamente, un ateo mexicano estará bien informado acerca del catolicismo, por ejemplo, pero muy probablemente sepa más que los católicos acerca de otras religiones como son el Islam, Judaísmo, o Mormonismo.  Entre las mejores cosas que uno puede hacer para informarse acerca de las religiones está el estudio de sus libros sagrados.

La Biblia parece un volumen imponente para muchos lectores; dependiendo de la edición, puede llegar a tener más de 1000 páginas en letra pequeña y dos o más columnas por página; en un país tan perezoso para la lectura como es México, no es raro que la gran mayoría de los mexicanos (incluyendo los que se dicen creyentes) nunca la han leído completa ni en partes.  ¿Y qué tiene que andar haciendo un ateo poniéndose a leerla, entonces?  Bueno, pues aprender acerca de la religión, claro está.

La Biblia y la Mitología

Cuando leemos algún relato mítico de la literatura universal, tal como pudieran ser los textos de los antiguos griegos, la parte crítica de nuestro cerebro se relaja considerablemente.  Esto es porque, para apreciar la historia, debemos situarnos en el contexto del autor y su época (ciertamente, esto también lo hacemos con relatos de ficción en general, incluyendo en otros géneros como el cine).  Entonces, cuando un personaje en la Ilíada de Homero invoca a Neptuno al encontrarse en aguas traicioneras en el mar, no nos detenemos a decir: “Un momento.  Neptuno no existe. ¿Acaso no entendía eso Homero? Vaya, que libro tan fantasioso e ignorante.”  Aceptamos la convención de que nos encontraremos circunstancias y personajes descabellados, pero los incorporamos a lo que pudiera considerarse el contexto de la época y el autor.  O, si la obra es explícitamente de ficción—como pudiera ser El Señor de los Anillos, por ejemplo—, simplemente nos dejamos ir por completo y aceptamos lo que el autor nos proponga, siempre que lo haga de manera inteligente y creativa.

Dicha lectura de la Biblia es, temo decir, imposible para un ateo.  Si bien hay una parte de nosotros que quiere entender y disfrutar el relato por sus propios méritos (como la Ilíada, Gilgamesh, o El Libro de Los Muertos), nos encontramos con que el libro tiene un bagaje grandísimo que no podemos hacer a un lado del todo al leerlo.  Dependiendo a quién se le pregunte de los creyentes cristianos de las diversas corrientes, se obtendrá que la Biblia fue inspirada—si no es que dictada palabra por palabra—por el mismísimo Dios.  No estamos hablando de Zeus, en quien nadie cree ya, ni Ra, ni Isis, ni Thor, ni Quetzalcóatl.  No: estamos hablando ni más ni menos que del Omnipotente, Omnibenevolente, Omnisciente, Omnipresente Señor Dios Creador del Universo.  ¡Vaya libro que éste ha de ser, ¿no?!  Adicionalmente, los creyentes suelen agregar que la lectura de este imponente volumen nos proporcionará con una base sólida para la creencia en Dios y en su Hijo Jesucristo, así como una representación fiel de la naturaleza y carácter de Dios.  Muy bien, entonces habrá que leerla para ver qué es lo que dice, ¿no?

Entonces, me he dado a la tarea, ya largamente postergada, de leerla.  He terminado el primero de los 73 libros—Génesis—y ya preparo un artículo acerca de lo que me encontré.  Es mi intención hacer un artículo de cada uno de los libros que contiene la Biblia, proyecto que seguramente me tomará alguno que otro año.  He optado por alternar la lectura de un libro bíblico con otros libros de la literatura clásica universal, para no enfadarme y mantenerme atento.  Por ahora basta decir que, si Génesis es representativo de toda la Biblia, tendré mucho que escribir.



miércoles, 12 de octubre de 2011

Del Activismo Ateo y la Separación Iglesia-Estado

Una de las preguntas más frecuentes que enfrenta un ateo activo es: ¿por qué pasar tanto tiempo y dedicar tanto esfuerzo a algo en lo que no crees?  ¿No deberían ser los ateos más bien apáticos en cuestiones de religión?

Bien, vale la pena hacer algunas aclaraciones.  Ciertamente, un ateo escéptico no pasa la mayor parte de su tiempo discutiendo la no-existencia de dragones, unicornios, hadas madrinas ni duendes; sin embargo, le suele dedicar bastantes neuronas a la no-existencia de Dios.  Personalmente, no le he dedicado nada de tiempo a una demostración lógica para la no-existencia de las hadas, aunque no dudo que pudiera valer la pena como cuestión didáctica y de gimnasia mental.  ¿Por qué, entonces, dedico tanto tiempo de cómputo en mi cerebro a Dios, si tampoco existe?

La respuesta es relativamente sencilla: los que sí creen en Dios están empeñados en jodernos la vida a todos por ello.  Así de simple.  Los problemas que enfrentan nuestras sociedades son, sin excepción, complicados por creyentes de algún tipo u otro.  En vez de dedicarnos a resolver los grandes problemas que enfrentamos como país y como especie—tales como el calentamiento global, el tamaño y rol adecuado de los gobiernos, la investigación científica, entre otros—estamos perdiendo valioso tiempo y recursos legales en decidir si el cuerpo de las mujeres realmente es suyo, o si los homosexuales realmente son personas o no.

Las respuestas a estas preguntas y muchas más ya las tenemos o se encuentran a tan solo algunos pocos años de buena investigación en el futuro.  Sin embargo, la implementación de tales soluciones no puede tomar lugar, dado que un gran sector de la población valora lo que cree por encima de lo que realmente es cierto; esto es lo que hace la religión.  El activista ateo, entonces, se ocupa de darle solución a este problema desde la raíz: demostrar que no es cierto que Dios existe.  Es por ello que tanto esfuerzo es dedicado a un ente en el que no se cree; en realidad, es una lucha por liberar las mentes de quienes son rehenes de esta creencia y que gracias a ella hacen un daño completamente real y tangible en la sociedad.

A un ateo como yo le bastaría que las personas reconozcan la diferencia entre lo que realmente es cierto y lo que creen solo por fe; si los creyentes fueran así, definitivamente no habría la necesidad de escribir estas palabras, ni de hacer demostraciones, ni poner espectaculares en carreteras y autobuses.  ¿Pero puede una persona “olvidar” sus creencias religiosas momentáneamente mientras desempeña un cargo público? ¿Pueden siquiera distinguir la diferencia entre la fe y la razón los servidores públicos?  La experiencia nos dice que no es posible.  Por el lado de los gobernados, los fieles rara vez se contentan con mantener sus creencias en casa tampoco; cuanto más ferviente es su creencia, más es su necesidad de hacer proselitismo e inclusive cabildeo legislativo.  Dada la imposibilidad de separar la fe de otras creencias que sí están sustentadas, el ateo no tiene opción más que enfrentarla en su origen.

De hecho, la lucha por la separación entre iglesia y estado es más de cuesta arriba de lo que parece inicialmente.  Aunque la constitución claramente establece que el gobierno deber ser laico, esto fue desde la perspectiva única de la libertad religiosa.  Sin embargo, nunca se tuvo contemplado como objetivo la vida libre de religión, quizá por ser el número de no-creyentes tan minúsculo en tiempos de antaño.  La separación surgió de una cuestión práctica: para que el estado no sea favoritista hacia una religión en particular sobre las demás, se acordó que mejor no tratara con ninguna, más que en maneras muy informales y por debajo del agua.  Además, la legislación de las creencias resultaría en un altísimo grado impráctica, ya que se caería en el absurdo de tener prácticamente una constitución distinta para cada credo.

Sin embargo, nunca se tomó en cuenta la perspectiva atea: no se debe legislar en torno a la fe porque esta no es cierta.  ¡Vaya enfoque tan distinto que sería ese!  El argumento es así:  dado que los servidores públicos tienen que tomar decisiones que afectan las vidas de todos en el mundo real—el que realmente importa a todos—, deberían legislar utilizando solamente conocimiento que se sabe es cierto.  Por lo tanto, creencias que no son respaldadas por evidencia no pueden ser tomadas en cuenta, y las que contienen contradicciones lógicas son descartadas por completo también.  Entonces, en la privacidad de su propia vida, cualquiera tendría derecho a creer cualquier disparate siempre que no afecte a nadie más.  El católico que crea que no deben casarse los homosexuales, por ejemplo, tendría la libertad de creer eso… así como la de no casarse con uno.  Su libertad de culto quedaría intacta (queja irrisoria del clero católico en el México actual), mientras que la libertad de los homosexuales de casarse en el mundo real quedaría respetada también.

¿Hay libertad para estar libres de culto, especialmente el de otras personas?  Definitivamente, la gente en democracia puede creer cualquier imbecilidad que le plazca; sin embargo, el país entero es rehén de los disparates de algunos, bajo el pretexto de la libertad religiosa de estos.  En realidad, la libertad que abogan es la de imponer sus creencias a los demás por medio de la ley—y por ende, por medio de la fuerza.  Es por esto que el activismo a favor del estado laico es tan importante.  El activismo ateo lleva la pelea a un nivel más. Además de recalcar que nadie tiene el derecho de imponer sus creencias medievales a los demás en detrimento de la civilización y progreso, el ateo da un paso más: atacar a las ideas mismas, exponiendo su naturaleza falaz.  Es por esto que el activismo secular, en particular el ateo, tiene una labor importantísima en la sociedad: la depuración de las ideas.



sábado, 1 de octubre de 2011

Hugo Valdemar: De Falacia en Falacia

HUGO-VALDEMAR[1]

Una falacia es un error lógico dentro de un argumento.  Una vez que se ha cometido este error, el resto del argumento queda invalidado hasta que se aclare o resuelva la falacia.  Si bien encontramos ejemplos de falacias en diversas áreas de nuestra vida cotidiana, pocas veces ocurren en más ocasiones que en los discursos y argumentos religiosos.  Como ejemplo de esto, veremos la gran cantidad de falacias que ocurren en una brevísima entrevista a un prelado católico (aunque ciertamente no son—por mucho—los únicos que cometen errores lógicos tan garrafales como los que veremos a continuación).

El padre Hugo Valdemar Romero, vocero de la Arquidiócesis de México, otorgó la siguiente entrevista al programa de noticias en radio Hoy por Hoy el día lunes 26 de septiembre.  En la primer parte, se le pregunta acerca de una iniciativa de ley en el Distrito Federal para que los templos puedan ser sujetos, de ser necesario, a cateos por parte de autoridades policiacas. 

Sin embargo, en lo que quisiera enfocarme es la segunda parte de la entrevista, a partir del minuto 4:50, acerca del aborto.  Como contexto, cabe señalar que esta semana la Suprema Corte de Justicia debatió si los estados tienen facultades para emitir legislación local que prohíba el aborto, como lo hacen ya 17 estados de la república.  A pesar de que siete de los once ministros llegaron a la conclusión de que dichas legislaciones no eran válidas, se requerían ocho votos para echarlas abajo.  El propio vocero Valdemar ya había estado en los reflectores por sus declaraciones en violación del artículo 29 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto, al llamar a los ciudadanos a no votar por el PRD después de que se aprobara la despenalización del aborto en el DF en 2007. 

En esta conversación, dos días antes de la decisión, el Sr. Valdemar deja en evidencia la lógica fallida (o nula) de la posición antiaborto.  Prácticamente la totalidad de la conversación queda resumida en los siguientes puntos que analizo uno por uno a continuación, y que pueden escuchar aquí mismo:

(Proviene de la página de WRadio: http://www.wradio.com.mx/oir.aspx?id=1552899, recurso que recomiendo consultar ampliamente).

“En contra de la mayoría se hizo una legislación…”

En esto el padre tiene razón, pero para nada es esto un punto a su favor.  Comete la trivial falacia por mayoría, en la que supone que, si una mayoría de la población tiene cierta percepción, entonces debe ser cierta.  Sin embargo, la cantidad de personas que respalden una posición no afecta el que esta sea correcta o no.  Gracias a que se ignoró la opinión de la mayoría, en Estados Unidos se pudo permitir que personas de distinta raza pudieran casarse desde 1967.  Si la mayoría de las personas son racistas, ¿eso haría correcto al racismo?

“Ir contra la vida… defender la vida”

Todo el punto de legalizar el aborto es, precisamente, defender la vida: la de las mujeres.  Las leyes no tienen gran poder disuasivo; en general, se usan para remover a un individuo de la sociedad para prevenir que repita cierta conducta por un tiempo.  Las mujeres abortan cuando es legal y cuando no, también.  La diferencia está en que, cuando el aborto es ilegal, muchas mujeres mueren en el intento.  De este modo, en términos prácticos, aún si suponemos que los fetos son personas—suposición que considero incorrecta, por cierto—,tenemos que cuando el aborto es ilegal se pierden más vidas, pues además de los no-nacidos mueren mujeres también.  De este modo, legalizar el aborto en realidad tiene el efecto neto de salvar vidas, como ya he argumentado en este espacio con más detalle en otra ocasión.

Por lo tanto, Valdemar cae en una contradicción y además en una representación equivocada de la posición a favor de la decisión de las mujeres: al decir hipócritamente que está a favor de la vida, implica que quienes están en la otra posición no, lo cual es falso.

“Es un falso derecho.  No es un derecho de la mujer a decidir.  Es un derecho a matar a un niño en el vientre de su madre… denigra los valores, a la propia madre…  y destruye a la sociedad”

¡Como si la muerte de mujeres jóvenes y pobres fuera preferible..! O, mejor aún, podemos meter a indígenas inocentes a la cárcel, como aquí.  Claro, esas cosas ni las denigran ni destruyen la sociedad…

Pensemos, para ejemplificar más, en la siguiente situación:

Una aspirante a un programa de doctorado en Europa logra obtener una beca completa a su universidad preferida gracias a años de dedicación y esfuerzo.  Dos meses antes de partir, se encuentra con que está embarazada, a pesar de estar llevando un supuesto “método natural”—considerablemente menos efectivos que los métodos “artificiales”—tal como se lo sugiere la misma Iglesia Católica.  ¿Qué se supone que debe hacer?  ¿Quién decide castigar con cárcel la mala suerte de una personas?  Los sacerdotes violadores de niños tan solo piden perdón y los reubican… ¿por qué a nuestra mujer ejemplar hay que mandarla a la cárcel 30 años, como en el infamísimo estado de Guanajuato?  Por supuesto que se trata del derecho de mujeres a decidir: es su cuerpo, es su vida, son sus creencias (o falta de ellas, no todo mundo es católico) y cada una se encontrará en una situación que le es muy particular.

Hablando de decisiones, ¿quién carajos es un viejito virgen para andar decidiendo acerca de la maternidad de mujeres que ni conoce?

Finalmente para este punto, tenemos otra falacia de representación equivocada: ¿quién dice que un cigoto, embrión o feto es lo mismo que un bebé?  ¿Acaso es lo mismo una semilla que un árbol?  ¿Acaso cada vez que comemos pan integral somos culpables de deforestación?

“No soy médico para discutir situaciones más concretas que son muy específicas, pero hasta donde nosotros hemos entendido…”

Al continuar la entrevista, comienzan a pasar un audio de una activista feminista, que empieza a dar una explicación del punto anterior. Sin embargo, claramente se nota que cortaron el audio cuando apenas iba empezando a explicar por qué un embrión no es lo mismo que una persona.

Al dar su opinión sobre literalmente unos cuantos segundos de la posición contraria a la suya, el vocero se descalifica por completo para dar una opinión… ¡y luego da su opinión!  A continuación comienza a dar una representación incompleta de la posición científica:

“…que un embrión tiene ya todo el mapa genómico y está ya constituido como un ser humano.  El hecho que no sienta—como percibimos nosotros—no quiere decir que no sea un ser humano”

Ciertamente, desde el momento de la fecundación ya se tiene el genoma completo de un ser humano.  Lo que el buen padre muy convenientemente omite es que éste genoma completo lo tiene cualquier célula del cuerpo… Cada vez que nos rascamos, cometemos un holocausto de potenciales seres humanos con genomas completos.  ¡Cada eyaculación sería el asesinato de decenas de miles de personas!

Finalmente, ¿qué hay de los tumores?  Son células humanas con todo el genoma completo también.  ¿Quién aboga por los derechos de los astrocitomas del mundo?

“Todos estos grupos abortistas sabemos que tienen financiamientos internacionales”

Tal parece ser que el buen padre ha caído víctima de la misma paranoia que su infame correligionario, Juan Sandoval Íñiguez, acerca de la conspiración internacional de las grandes corporaciones con las izquierdas para reducir la población mundial a través del aborto, las bodas entre homosexuales y la eutanasia.  Queda demostrado el nulo conocimiento de historia y política del prelado, ya que las grandes corporaciones siempre se han aliado con la derecha política (véase el fascismo o, mejor aún, analícese la situación geopolítica actual de Estados Unidos).  En la historia reciente, basta mencionar las alianzas de la iglesia católica con Nazis y Ustachas durante la Segunda Guerra Mundial para evidenciar el carácter irrisorio de la declaración.

Por cierto, ¿qué tienen de inherentemente malas las organizaciones internacionales?  ¿Son igual de malos Al-Quaeda y Médicos sin Fronteras, o la Cruz Roja, o la Organización Mundial de la Salud?  ¿Y la Iglesia Católica qué es sino una organización internacional que obtiene y provee financiamiento de y para fines diversos?

“[prácticas] que a quien más dañan, son a las propias mujeres”

Ahora resulta que don Valdemar hasta tiene simpatía por mujeres jóvenes y pobres que ni siquiera conoce.  Evidentemente, meterse un gancho de ropa por la vagina y morir desangradas o infectadas es menos dañino; como si las mujeres disfrutaran pasar por tal experiencia y, en caso de sobrevivir, también ir a dar a la cárcel.

“Sabemos que no lo hacen por gusto; que, por desgracia, son a veces obligadas a llegar a esta situación”

¡Quizá la frase más irónicamente falaz de toda la entrevista!  Los mismos que condenan la dificilísima decisión que toman algunas mujeres acerca de su propia vida y cuerpo, también son los que obstaculizan el acceso a los métodos anticonceptivos y la educación que harían del aborto una rareza médica en vez de una triste necesidad de la sociedad.

“Muchas de ellas[feministas], por cierto, no son madres.  No saben lo que significa esto”

Ya hacía falta la clásica falacia del ataque ad hominem: aunque fuera cierto que las feministas no son madres—lo cual es una auténtica burrada—, nada tiene que ver con lo correcto de los argumentos de éstas.  Además, ¿a cuántas feministas ha entrevistado este tipo?  ¿Qué sondeos ha visto?  Comete entonces una falacia de generalización apresurada, aunada a otra de asociación, en la que se supone que si algunas feministas no tienen hijos, entonces ningunas los tienen.

“Es un drama terrible el que viven, y el sufrimiento es de por vida.  Es un aspecto que no se considera”

Nuevamente supone que morir, quedar solas en la calle con un niño o estar en la cárcel 30 años es mejor que abortar.  Obviamente el sufrimiento es de por vida; de hecho, es uno de los aspectos principales que se toman en cuenta para despenalizar el aborto: ¿qué gana la sociedad encarcelando a mujeres jóvenes y pobres que ya de por sí se castigaron a sí mismas con la acción que tomaron?  ¿Qué aprenderán en la cárcel que no aprenderían de la propia experiencia?  ¿Qué incentivo tienen para volverlo a hacer?

Para concluir, hay que mencionar que la falacia más grande de todas es la entrevista en sí: ¿quiénes son los ministros de culto para considerar que están dando una opinión informada acerca de algo que no se trata de culto?  Una cosa es que tengan cierto interés en un resultado determinado de la discusión, y otra distinta es que realmente sepan acerca de ella.  Tienen creencias al respecto, ¿pero qué es lo que realmente saben estas personas?  ¿Qué estudios han conducido?  ¿Qué experimentos han llevado a cabo, y cuál ha sido su metodología?

No suspendemos una clase de matemáticas para darle oportunidad a un numerólogo de dar su punto de vista.  Tampoco llevamos a un chamán a dar clases a los alumnos de medicina, ni a un astrólogo a explicarnos cuestiones de astronomía.  ¿Qué sabe un teólogo de embriología, antropología física, bioquímica o genética?



domingo, 14 de agosto de 2011

La (No)Omnipotencia de Dios

Dado lo ocupado que he estado con cuestiones personales en éstas últimas semanas, he optado por reproducir a continuación una entrada que publiqué en rationalmexican.blogspot.com, para beneficio de lectores que no la hayan visto antes y/o que no hablen inglés.  Mientras tanto, les aseguro que seguiré escribiendo acerca de temas varios tan pronto me desocupe un poco, lo cuál deberá ser a partir del mes de septiembre.  A continuación les dejo una breve discusión acerca del sinsentido que es la omnipotencia.

 


El Non sequitur Inicial

No entiendo por qué las religiones monoteístas insisten en darle a su dios las cualidades de omnipotencia y omnisciencia.  Éstas cualidades no están necesariamente relacionadas con la capacidad de Dios para crear el universo, ni mucho menos para el supuesto perdón de los pecados o la administración de los castigos.  ¿Cuál es el camino lógico desde la capacidad para la creación hasta la capacidad para poder hacer y saber todo?  No sé si dicho camino realmente existe pero, aunque sí lo hiciera, cuestionaría su validez.  En la misma manera que un arquitecto es capaz de diseñar un rascacielos pero no los muebles que hay adentro, ni las computadoras, ni las personas, tampoco es necesario que el creador del universo también sea directamente responsable de todo lo que se encuentra dentro de él.

 

La Vida y el Universo

Otro punto qué mencionar es la consistencia de los eventos naturales que ocurren dentro del universo.  Como dijera Einstein, el milagro en las leyes de universo es, precisamente, que no hay excepciones.  Si Dios dejara de intervenir, podríamos esperar que el universo siguiera su curso tal como ya lo ha hecho hasta ahora por muchas épocas más.  La pregunta, entonces, es si Dios tuvo alguna opción en la forma en que supuestamente creó el universo.  Éste es de hecho un punto derivado del supuesto argumento del “universo bien afinado”, en el que supuestamente la exactitud de las constantes físicas universales que permiten la vida es evidencia para la existencia de un Dios.  Pero, si Dios es omnipotente, seguramente pudo haber construido un universo en que la vida no fuera tan frágil, escasa y constantemente a punto de ser aniquilada por completo.  Si hubiera tan solo pequeñísimos cambios hechos a una de muchas variables que permiten que exista vida en la tierra, sería destruida en un instante.  ¿Qué clase de diseño es éste?  ¿No pudo Dios crear vida donde fuera como, por ejemplo, en un lugar mejor?  La mayor parte de la Tierra en sí es demasiado caliente o fría inclusive para los super-microorganismos.  Mientras tanto, el resto de la vida se extingue constantemente, tratando de escapar desiertos e inundaciones en la delgada y frágil corteza que llamamos la biósfera.  Para un ser que todo lo puede, Dios parece estar altamente limitado por la física.

El Problema Lógico

Hablando de límites, la omnipotencia le incluye un gran límite a quien la ostenta: específicamente, porque no tiene sentido.  Basta con pensar en las paradojas lógicas que presenta la omnipotencia para darse cuenta que mete a Dios en más problemas de los que le resuelve.  El problema clásico es: ¿Puede Dios hacer una piedra tan grande que ni siquiera él pueda levantarla?  Si la respuesta es sí, entonces Dios no es omnipotente porque hay una piedra que no puede levantar.  Si la respuesta es no, entonces tampoco es omnipotente porque no puede hacer dicha piedra.

Muy convenientemente, los teólogos “sofisticados” se sacan de la manga que Dios solamente hace aquellas cosas que son lógicamente consistentes.  Por lo tanto, Dios no hace círculos cuadrados ni piedras que no pueda levantar.  Pero esto los mete en un embrollo aún mayor, al cuál solo responden encogiendo los hombros: ¿Dios está limitado por la lógica, entonces?  Dirían estos tipos que siempre la sigue, pero no que la obedece.  Pero entonces, ¿dónde deja esto a los supuestos milagros?  Si Dios es cuidadoso de nunca salirse de las líneas que él mismo se dibujó, ¿cómo es que puede resucitar un muerto, pero no puede hacer un círculo cuadrado?  Nuevamente, tenemos a los teólogos y filósofos de segunda poniendo un doble estándar cuando las cosas no les resultan.  Dios no hace cosas ilógicas, pero milagros—que por definición son suspensiones de la lógica—sí.

 

El Problema de la Omnisciencia

Finalmente, la conjunción de la omnipotencia con la omnisciencia es el último clavo en el ataúd.   Considérese el siguiente ejemplo:

Supongamos que un tipo de nombre Juan compró el boleto ganador de la lotería para el próximo viernes a las 5:00p.m.  Obviamente, él no sabe que tiene el boleto ganador, aunque tiene la esperanza de que sí lo sea.  En cambio Dios, por virtud de su omnisciencia, sí lo sabe.  Ha echado un vistazo al futuro y lo ha visto todo: la celebración, las compras, las vacaciones, las herencias, etcétera.  El punto aquí es que Dios sabe lo que va a acontecer.  No está especulando ni inventado las cosas sobre la marcha.  Ha visto el futuro que Él mismo diseñó y vio el resultado. 

Bien, pues como las profecías de las películas que siempre se cumplen a pesar de los mejores esfuerzos de los personajes por evitarlas, el conocimiento acerca del futuro necesariamente ya incluye el conocimiento acerca del conocimiento.  Sin importar qué haga Dios, no interferirá con su visión.  Cualquier cosa que haga o no desde ahora hasta el próximo viernes tan sólo contribuirá al cumplimiento de la visión del futuro que él mismo tiene.  Entonces, si Dios decidiera darle un infarto a Juan antes de la lotería, estaría obligado a resucitarlo a tiempo para que pueda ganar.  De otra manera, su visión de Juan ganando la lotería hubiera estado equivocada (si alguien quiere alegar que Dios se equivoca, son bienvenidos, pero creo que sería un punto para mí).  De este modo, Dios está efectivamente limitado por su conocimiento acerca del futuro que él mismo planeó.  Está condenado a hacer lo que ya previó que va a hacer, en una instancia de determinismo supremo; si cambia de opinión, resultará que siempre fue parte del plan.  Así, resulta que Dios no solamente no puede ser omnipotente y omnisciente: ni siquiera tiene libre albedrío.  ¡Qué ironía, ¿no?!